lunes, 5 de noviembre de 2007

A MODO DE EDITORIAL

Caminemos...

(Por Fabricio Ternavasio)
No es casualidad que te levantes un día y no tengas ganas de vivir. Nos están robando la alegría, de a poco nos van absorbiendo el alma. Si no abrimos los ojos, zombis seremos. Nos quieren usurpar los sentimientos, no están lavando el mate. Nos asesinan la hidalguía y nos escupen el asado. ¿Por qué permitirles eso?

Un sabio dijo: El arte de nuestros enemigos es desmoralizar, entristecer a los pueblos. Los pueblos deprimidos no vencen. Por eso venimos a combatir por el país alegremente. Nada grande se puede hacer con la tristeza.
Tras un largo proceso, la crueldad fue legitimada. Llegó la hora (siempre es la hora) de hacer ruido. Hagámonos oír, somos muchos. Todos juntos gritemos y liberémonos de las incontables restricciones absurdas a las que nos encontramos sometidos. No estoy pidiendo romper de la noche a la mañana este sistema atroz e injusto. Pero comencemos a reunirnos, a debatir, a estudiar, a VER. Porque estamos viviendo una etapa en la que se mira pero no se ve.
Un vino, un asado, unos mates….que todo sea excusa, y parte de un escenario de armonía, para empezar a debatir y a cuestionar el orden actual de las cosas. Conozcámonos, amiguémonos y avancemos, sin descuidar la praxis, adorándola como elemento transformador, inserta en un proceso paulatino y esperanzador.
Rompamos con el individualismo, solos no somos nada, no existe el sentido y se pierde el espíritu. Es en lo colectivo donde resurge el amor, la armonía, la fuerza, la esperanza, la lucha, la pasión y la racionalidad. Sembremos humildad, humildad y más humildad, sin caer en la inocencia ni en la sumisión. Parecen sólo palabras de aliento cuando es mucho más que eso. Es una invitación a recuperar la vida, sin subestimar ni ofender a nadie, pero nos están matando.
Resistamos estos embates injustificados. ¡Unámonos! Ese es mi grito de guerra. Salgamos de esta isla y naufraguemos juntos.
Rescatemos a Ernesto y volvamos a reunirlo con sus compañeros de guerrilla caídos en combate, y con los que aún están en pie, como nosotros.Rodolfo nos regala dignidad, mientras el General derrocha justicia, José nos guía con su dedo, mientras Simón nos canta alegremente, porque existe mucha gente que está rumbeando con su mente por aquel hermoso camino.
¿Hasta cuando seguiremos beatificando seres humanos? ¿Hasta cuando los vaciaremos de contenido? Investiguemos juntos, armemos una coraza de información y ejemplos que nos sirvan para resistir y contraatacar. No seamos tercos, convirtámonos en “Toscos”.
Te doy mi mano y te pido disculpas por todos esos años en que me lavaba las manos dirigiendo las culpas sólo a los dirigentes de turno, cipayos todos ellos. La culpa, en gran parte, fue mía. Porque te ignoraba y pensaba que nada estaba a mi alcance, que las soluciones eran utópicas y que yo no podía hacer nada para ayudarte. Pero pude dejar de mirar, para empezar a VER que soy una pieza importante en este rompecabezas que debemos armar todos juntos, y que, sin mi, o sin vos, existe un vacío enorme e irrecuperable. No somos un número. Cada uno de nosotros es irremplazable, si uno se rompe debemos repararlo y no cambiarlo por otro.
Mis fuerzas están creciendo y quiero unirlas a las tuyas. Nunca estuve tan confiado de poder hacer algo como en este momento. Habrá recaídas, golpes y tristezas. Nos harán sufrir y no nos perdonarán ni una, no tengas dudas de eso. Pero quiero estar convencido de que si yo me caigo vos vas a estar ahí para levantarme. Porque estamos todos del mismo lado, peleando por una causa noble y justa: inclusión, igualdad, respeto, amor y felicidad.
Un médico argentino, alguna vez dijo: “El revolucionario verdadero esta guiado por grandes sentimientos de amor”. Esa frase describe a la perfección la condición esencial que debemos poseer para alcanzar nuestra meta.
¡Qué feliz me encuentro al haberme encontrado! ¡Qué feliz me encuentro por haberte encontrado a ti, hermano mío! Ya no soy yo, ahora somos nosotros. Mi vida vale mucho, la tuya también, pero si algún día me borran del camino, mi conciencia descansará tranquila al saber que existen millones de compañeros en todo el mundo que están conmigo y que, tarde o temprano (más temprano que tarde) vamos a triunfar.
No soy utópico ni panfletario, soy sincero a lo que pienso y siento en este momento. El mundo ya no es el mismo, algo está pasando. Hay aroma a cambio, a aire nuevo y fresco. No debemos impacientarnos, la construcción debe ser ordenada y solidaria.
Por favor no me abandones, yo les prometo fidelidad y tenacidad. No voy a soltarte la mano, porque antes que militantes somos compañeros. Es por eso que no me olvido de tus problemas y preocupaciones, que ya son míos.
Sin dejar de vivir, enfrentemos este problema, que tiene solución. Démosle pelea a esta desigualdad, recuperemos lo que nos pertenece.
La libertad es como la mañana. Hay quienes esperan dormidos a que llegue, pero hay quienes desvelan y caminan la noche para alcanzarla.
Yo, esta noche no duermo: ¿alguien me acompaña?

3 comentarios :

  1. Hola Fabri, qué hacés. Visité el blog y leí tu nota, es muy buena y lleva de vitalidad. A veces te va a dar ganas de bajar los brazos, pero siempre hay que tener una llamita encendida de fuerza, y más en este país que se devora a todos los que se resignan.

    ResponderEliminar
  2. La verdad esta nota tiene muchas pilas, te levanta el ánimo y te ayuda a no aflojar. Motiva y eso es lo importante, además de que está cargada de solidaridad.
    Nada más...ojalá sigan motivando a la gente para que se sumen a su lucha.

    ResponderEliminar