martes, 19 de agosto de 2008

DOMINGO DE RISAS Y ANSIEDADES EN LA COPA DE LECHE "LA PALOMA EN LA FLOR"

Domingo 17 de Agosto, y el amanecer radiante de un día patrio, amanecer fresco que invitaba a juntarse en cálidas rondas bajo un sol que se imponía en el cielo despejado. La brisa matutina, condujo a dos de los cumpas más valientes hasta la entrada del rancho. Una nueva jornada comenzaba a desenvolverse tímidamente en la copa "La Paloma en la Flor", y el folklore típico de cada domingo se hacía sentir con su ritmo particular. Caritas ansiosas, sonrisas que se rebalsaban de los rostros y un número cada vez más grande de pequeñines que se acercaban al lugar. Otros, que viven más lejos, debieron ser buscados por los compañeros. "Yo me encargo", dijo Mati, quien fue seguido por una alegre caravana de voluntarios, siempre bien predispuestos para cualquier campaña.

De a poco iba llegando la gente que faltaba, Juan, Mati, Julia, Clarita y el compañero Miguel Ángel Pinardelli, a quien le estamos profundamente agradecidos por su firme voluntad y la ayuda desinteresada que nos brinda en cada ocasión.

Entre corridas, patadas y pelotas escurridizas, atravesando piernas y piernitas, un atronador grito de "¡Gooool!" cortando el aire y el inevitable "¡ No valió!". Carcajadas sonoras y algún que otro enojo pasajero, la mañana iba cediendo paso al mediodía, anunciado por los rayos del sol abrasando nucas y coronillas.

El menú del día: fideos con pollo. Su tentador aroma atrajo a todos al centro del rancho, todos en torno a la mesa, a los platos rebosantes de ese verdadero manjar de los humildes, listos para ser vaciados. "¡ A comeeer!". Pequeños, medianos y grandes, algunas mamás que se acercaban sigilosas, tímidas. Abelino, los cumpas, todos a compartir ese sagrado instante de privilegio.

Una vez terminada la comida se hizo presente la organización, precaria pero vigente, que exigió una pronta división de pequeñas tareas: algunos a levantar la mesa, otros a lavar los platos y el resto de la comitiva "¡ a jugar a la vereda se ha dicho!".

Una del mediodía. Panzas llenas, corazones contentos, sin dudas empezaba a configurarse uno de esos momentos en los que se priorizan las actividades más tranquilas, "así bajamos bien la comida". Era el tiempo del dibujo, el arte precoz, ingenuo, casi travieso, de esas manitos demasiado curtidas para tan corta edad. Era también la hora de los deberes... "¡Nooo!" Sí. "Yo ya los hice". Bueno, revisemos el cuaderno todos juntos, hagamos ejercicios, o... inventemos historias. El entusiasmo comenzó a vislumbrarse en los ojitos brillantes de Nacho, un verdadero maestro en el arte de la improvisación, valiéndose, por supuesto, de una imaginación sin límites.

La tarde avanzaba, y traía con sigo a dos de las compañeras rezagadas. Espontáneamente se iba a formar una de esas divisiones ancestrales. Las nenas con las nenas y los nenes con los nenes. Unas, a jugar al espejo. "¡Copien todo lo que hace Gilda !". Otros, a jugar al fútbol. Alguien nombró el juego de los enredados, y de a poco se iría rompiendo ese cerco invisible, con la valiente irrupción de Iván en la ronda femenina. "¡Yo enriedo!". Después vendría la estatua, y Sergio también abandonaría a sus compañeros de equipo. "¡ ya...peyú! ¡ ahh, perdiste, dije Yapeyú !".

Una vocecita cantarina, propuso jugar a la peluquería, que yo peino a Ceci, que yo peino a Regi, ¡ Qué aburrido!, ¿ vamos a ver quién trepa mejor este árbol?... y la brisa helada se imponía sobre el calor cada vez más débil de don febo. El picadito también había concluído, las corridas ansiosas, las exclamaciones cada vez más sonoras y los dolores de panza, algunos más sospechosos que otros, denotaban una llamada de atención, los nenes nos estaban pidiendo algo. "¡Ya está la leche !", gritó Leo y comprobó que no haría falta repetir el llamado, cuando se tambaleo ante la estampida de pequeñines ávidos por el mágico líquido blanco. Esta vez, se retrasó la hora de la leche y ¡ vaya si nos lo hicieron notar ! Las tortafritas ya habían sido cortadas por Mati, algunas embadurnadas con mermelada, "¡Yo quiero sin...!"...otras no, auténticas, originales, imponiéndose por lo que eran.

Y así, lenta y disfrutada, se extinguía otra jornada, que nos acompañó con un día verdaderamente bello. Se despedía otro domingo en el Villa Sur Oeste, entre los chistes de Nacho y los "¡ aroo, aroo !" de Gilda, los "me duele la panza" de Pao, y los consecuentes, "me duele ´a cabeta" de Nair. Ceci y Regi, acompañaron a Cele y sus hermanitas hasta la casa, mientras algunos de los muchachos se encargaban de acomodar, y Diane y Clari limpiaban tazas y platos...

De a poco, el lugar se fue despoblando de risitas agudas y juegos traviesos, fue el momento de la acostumbrada mateada reflexiva. Mate va, mate viene y los comentarios del día. Retrasado, arribaría el inevitable, pero siempre triste, "¡ hasta el próximo domingo !", y con él la promesa implícita, esa que no hace falta enunciar en voz alta, pero que late cada domingo estrechando lazos entre los habitantes de dos mundos tan abismalmente distantes. Esa que hace crecer la siempre huidiza confianza mutua, esa que silenciosa, agitando el aire y a viva voz, decía "¡Nos vemos pronto !" y todos, sabemos que realmente será así.

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