miércoles, 17 de septiembre de 2008

VESTIDA DE FLORES Y DE SOL NUESTRA COPA RECIBE VISITAS...

Un largo camino de tierra, con partes más sólidas que otras y adornado con pozos y pierdas, nos daba una vez más la bienvenida en el Barrio Villa Sur Oeste.
Desde temprano, los rayos del sol comenzaron a abrasarnos la nuca. La tierra, reseca, sedienta y lastimada por sus rasguños, suplicaba por unas gotas de agua. Esta vez, el viento no se molestó en emitir ningún silbido. Todo estaba quieto: las hojas de los árboles, la gramilla, las guirnaldas del galponcito y, tristemente…también el molino. Esto significaba que íbamos a tener que usar, para tomar y lavar, el agua tan pura de agroquímicos utilizados en los campos a ambos lados del barrio. Agua que los vecinos consumen días como el domingo, días que serán más recurrentes ahora que la primavera y el verano se acercan.
Cerca del mediodía llegaron los primeros compañeritos e iniciamos uno de nuestros rituales más comunes: la charla de todo lo ocurrido durante la semana. La escuela, la familia, sus problemas, sus alegrías, sus travesuras fueron algunos de los tópicos.
Más tarde, Abelino y Martín anunciaron que la comida (fideos con papas, zanahoria y trocitos de carne) ya estaba preparada. ¡A poner la mesa, a limpiarse las manos, y… a comer!
Después de haber lavado los vasos, platos y tenedores buscamos hojas y colores y nos sentamos a dibujar. “Está un poco triste el galponcito, habría que hacer algo para decorarlo”, propuso un compañero del grupo. “¿Por qué no juntamos flores para adornarlo?”, opinó Sol.
Es así como todos nos lanzamos en esa pequeña aventura. A los costados del camino encontramos flores lilas, blancas, rosadas. Sergio y Nacho valientemente se animaron a juntar una hermosa flor fucsia de una planta llena de espinas. Sol, una conocedora de la naturaleza, nos explicó que se trataba de un cardo. Cuando estábamos llegando al final de camino llegó Ceci quien también se sumó en nuestra tarea de alegrar la Copa “La paloma en la flor”.
Cansados, transpirados pero contentos nos sentamos bajo la sombra del paraíso a esperar la hora de tomar la leche. Nacho, un poco aburrido, se puso a dibujar caras en las manos de Ceci y Sol. Con estos dibujos, que en un primer momento surgieron para “matar el tiempo”, pudimos hacer arte: espontáneamente las compañeritas comenzaron a hablar, cambiando sus voces. Crearon un personaje, le colocaron un nombre y le dieron vida. Sin haberlo planeado, hicimos un teatro de manos…y descubrimos a varias actrices en potencia.
Cerca de las cuatro, llegaron compañeros de los centros de estudiantes de las escuelas Centenario y Mario Vecchioli para conocer el trabajo en el barrio y por qué no, en un futuro sumarse también a él.
Y por fin, ansiosos y con las panzas crujientes, fuimos a tomar la leche y a comer las ricas tortas fritas con mermelada preparadas por Abelino.
Después continuamos jugando hasta que la nostalgia, propia de la tarde, cuando es casi noche, cuando el sol está bajo en el horizonte, nos anunciaba que era la hora de la partida.
Una vez más nos despedíamos, una vez más prometíamos volver el próximo domingo, una vez más transitábamos por ese camino dificultoso que muchas veces nos obliga a hacer malabares con la moto o con la bici…una vez más comprendíamos que el camino es largo y esta lleno de obstáculos, de tristezas, de sacrificio, pero que todo es posible si nos organizamos, si luchamos y sobre todo, si mantenemos la esperanza siempre ardiente en nuestros corazones.

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