El sol sale cada día, enmudeciendo a la noche que se despide, calentando
nuestros cuerpos que lentamente se van desperezando. Una nueva semana comienza. El domingo se hace presente. La mañana arranca tempano, entre motos y bicis, lentamente nos vamos acercando al Barrio Villa Sur Oeste.
Como cada domingo, Abelino nos espera con unos mates. Los chicos nos reciben con una sonrisa que mezcla alegría con cuotas de entusiasmo y felicidad.
Nuevamente nos dividimos las tareas. Rompiendo con los cánones establecidos por esta sociedad machista, Martín y Mati se ponen a cocinar en la casa del “Pelado”. Se prende el fuego y se pone a calentar agua en una olla sobre la parrilla. Fideos con menudo es el plato a realizar.
Ceci, Romi, Emi y Yesica -compañera del Colegio 654 de Rafaela-
charlan con los chicos. Ellos les cuentan las andanzas de la semana, muestran su afecto. La mañana transcurre, la alegría forjada en el compartir crece. Títeres, confeccionados por los chicos, se hacen presentes representando sueños que en algún tiempo no tan lejano se harán realidad. La imaginación vuelva por confines inexplorados y regresa sorprendiéndonos en un mundo en donde nos han educado para no soñar, para no imaginar, para no crear.
charlan con los chicos. Ellos les cuentan las andanzas de la semana, muestran su afecto. La mañana transcurre, la alegría forjada en el compartir crece. Títeres, confeccionados por los chicos, se hacen presentes representando sueños que en algún tiempo no tan lejano se harán realidad. La imaginación vuelva por confines inexplorados y regresa sorprendiéndonos en un mundo en donde nos han educado para no soñar, para no imaginar, para no crear.Es medio día y se escucha una voz que indica que la comida esta lista. Preparar los cubiertos, lavarse las manos, buscar agua, es la tarea comunitaria de esta hora del día. Terminada la comida, llega la hora de levantar la mesa, lavar los platos y los vasos.
Una moto se escucha a lo lejos. Llega Leo, acompañado por Maira -compañera católica y estudiante-. Entre todos, nos ponemos a decorar el salón de la Copa. C onfeccionamos guirlandas, corazones y demás suvenires, utilizando papel crepe, diario y plasticola. Un grupo más pequeño juega en la calle a la pelota soñando con canchas repletas en donde el firulete se vuelve compañero de andanza
.
.Llega la hora de volver a la cocina. En una parte de la parrilla Abelino prepara la leche. Mati sigue mostrando dotes de chef y cocina las tortas fritas. Entre todos ponemos la mesa y comemos la merienda. Luego llega el momento de limpiar los vasos, nos ayudamos entre todos y en un instante nuevamente nos ponemos a jugar, a imaginar, a soñar.
Los chicos se despiden, los mates se hacen presentes para compartir lo vivido. Saludamos a Abelino y salimos hacia la cuidad.
Nos queda seguir soñando, seguir luchando por viejas y nuevas utopías. Por un mundo más justo, más digno, más humilde, más HUMANO. Como dice Pedro Casaldáliga; “La Utopía continúa, a pesar de todos los pesares. Escandalosamente desactualizada en esta hora de pragmatismo, de productividad a toda costa, de postmodernidad escarmentada. La Utopía de que hablamos la compartimos con millones de personas que nos han precedido, dando incluso la sangre, y con millones que hoy viven y luchan y marchan y cantan. Esta Utopía está en construcción; somos obreros de la Utopía.”
Nos vemos en una semana, para compartir, soñar y luchar alegremente por un lugar mejor.



Hoy veo y siento una verdad:
ResponderEliminarLa verdad del ponerme muy contento cada día,
en nuestros días,
el afecto entre nosotros, el ayudarnos, el querernos, el sentir las sonrisas.
Los chicos en copa de leche, ellos, pequeños niños llenos de una profunda, hermosa y afectuosa amistad.
Unidos por un sueño, unidos por las utopías.
Escribe Antoine Saint Exupéry;
He aquí mi secreto, que no puede ser más simple : Sólo con el corazón se puede ver bien. Lo esencial es invisible para los ojos.
-Lo esencial es invisible para los ojos -repitió el principito para acordarse.
-Lo que hace más importante a tu rosa, es el tiempo que tú has perdido con ella.
-Es el tiempo que yo he perdido con ella... -repitió el principito para recordarlo.
-Los hombres han olvidado esta verdad -dijo el zorro-, pero tú no debes olvidarla. Eres responsable para siempre de lo que has domesticado. Tú eres responsable de tu rosa...
-Yo soy responsable de mi rosa... -repitió el principito a fin de recordarlo
Emiliano J. Medina