Hace tiempo hubo un tiempo en que todo era tan distinto. Un desierto en nuestro interior, nos hacía pensar que ya nada era posible, que nuestra construcción tenía un límite. Sin embargo los tiempos cambian, y asoman la esperanza y los deseos que, cargados de ilusiones, habían tenido que retirarse cansados de no poder expresarse.
El aire cambió en el barrio Villa Sur Oeste, pareciera que el frío sorpresivo puso un límite a lo imposible renovando el espíritu, aceitando las bisagras de las puertas que se nos habían cerrado. Permitiendo, de a poco y con optimismo, renovar la confianza de que podemos volver a abrirla.
Temprano como todos los domingos, un grupo de compañeros de
El sol de la tarde vigila la ronda que debajo de un árbol se empieza a crear, mientras a lo lejos, debajo de otro árbol, Regi, Romi y Emi juegan con los chicos. Hacen distraer sus pensamientos, contagian alegría.
El tiempo transcurre y espontáneamente un nuevo vecino llega a la ronda de conversación. Rompiendo el orden de lo establecido, empuja nuevamente el carro que se había estancado en el barro, comienza a decir sus ideas, sus pensamientos, levanta la moral y permite volver a creer en que es posible organizarse y pelear por sus derechos. Por nuestros derechos.
En “
La ronda y el debate siguen su curso, las ideas concuerdan. Igualmente, quienes ponen palos en la rueda siguen esperando, sordos ante las palabras intercambiadas, la posibilidad de morder y marcharse.
Las horas de charla bajo la sombra hacen crear un nuevo sueño de organización barrial que, lento y despacio, añora convertirse en realidad.



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