martes, 9 de diciembre de 2008

POR UN DICIEMBRE QUE ALIMENTE NUEVAS Y ESPERANZADAS LUCHAS

"No es perfecta, más se acerca a lo que simplemente soñé"

Silvio Rodriguez





Llegó Diciembre. Mes raro en el imaginario colectivo que tenemos como sociedad. Chicos y grandes deambulan por los colegios y universidades buscando terminar de la mejor manera el año. Algunos rindiendo, otros recuperando materias. Padres que se desesperan porque hay que comprar regalos para los “pibes” y la plata no alcanza. Harán malabares una vez más para que el 24 a la noche nada falte.

Tiempo de fiestas. Navidad, el arbolito, los regalos, el fin de año, las peregrinaciones, el consumo, la tele, el diario, la radio, las revistas, los anuncios; enloquecen a un mundo que se encuentra herido de muerte.

La Iglesia. La institucional gobernada por los hombres, recuerda a un Dios metafísico imposible de alcanzar. Le amputa a Cristo su parte Humana y Revolucionaria, convirtiéndolo en un fetiche que el sistema capitalista transforma en instrumento comerciable que utiliza como herramienta para ejercer más dominación aún.

Para algunos es un domingo común y corriente, para otros representa la antesala de lo que pronto vendrá. El calor es agobiante, el sol quema desde temprano. Motos y bicicletas parten hacia el barrio. Para los sueños no existen vacaciones.

Llegamos temprano, nos reciben los vecinos. Hoy la tarea será armar el árbol de Navidad y los adornos que lo decoraran. Inmediatamente nos ponemos a trabajar. Matías largo, Matías ancho, Geri y Martín, se encargan de buscar un palo que será la base del árbol. Leo y Ceci, acompañados por un grupito de chicos, van al encuentro del resto de los vecinitos. Abelino empieza a preparar el guiso y la masa para las tortas fritas.

Cercano al medio día ya se ha terminado la estructura del arbolito. Los alambres clavados a tierra forman un pino imaginario. En la Copa, los chicos, con la ayuda de Ceci y Romi, hacen los adornos. Martín ayuda al “pelado” en la cocina.

Llega la hora de comer. Arriba al Villa Sur Oeste el compañero Juan que con su sola presencia causa alegría a los “cumpas”. Como de costumbre nos deleitamos con el manjar preparado. Se limpia la mesa, se lavan los platos. Se retoma lo que había quedado pendiente. Los chicos siguen preparando adornos, juegan con plasticola, papeles satinados, afiches, cartulina, etc. Martín y Ceci los ayudan a soñar. Juan conversa con los vecinos, se interioriza de sus problemas, comparte sus sueños y esperanzas. Mati largo y Mati ancho ven como pueden forrar el árbol. Leo los intenta ayudar, más tarde se sumaran Geri y Martín.

Pasa la tarde y el sol hace estragos. Los chicos se van a la sombra a leer cuentos. Llega la hora de la leche la cual será acompañada por tortas y pan casero. Se terminan las bolsas de nylon, queda la parte baja del pino de alambre al descubierto.

Nuevamente nos subimos a las motos y bicis, saludamos a los vecinos y salimos hacia la ciudad. El domingo que viene terminaremos de armar el arbolito navideño que será especial porque es nuestro, porque lo armamos entre todos, porque para nosotros esta fiesta no es algo comerciable, que se vende al mejor postor y que se usa para demostrar que este mundo es injusto y que es justo que sea así. Ella, la navidad, nos permite soñar con un mundo más humano, transformando la realidad que creemos injusta, desde la humildad y con un profundo anhelo de justicia social. Y principalmente, con mucho amor por el hermano, por el compañero, por el amigo, tal como lo hizo un carpintero hace 2000 años.

Como grupo vamos creciendo, con aciertos y errores, haciendo cada vez más nuestros los problemas que creíamos ajenos. Demostramos, como diría Silvio, que no somos perfectos pero que de a poco nos vamos acercando a lo que simplemente soñamos.

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