jueves, 8 de enero de 2009

LAS ALMAS UNIDAS RESISTIENDO

La mañana comenzó entre mates y charlas, preguntas y respuestas. Los temas fueron varios: la guerra en Irak, el 50 aniversario de la Revolución Cubana, dominación, organización, lucha, derechos, unión, trabajo, fueron palabras que sonaban. El compañero Okón, vecino de la Villa Sur Oeste, conversaba con mirada perdida, como visualizando el sueño tan deseado, como encontrando una pizca de esperanza,

La conversación seguía y cada vez eran más los vecinos que se sumaban a la ronda de mates y aportaban su visión, sus inquietudes, sus vivencias. Mientras Martín, Mati y Abelino asumían sus roles de cocineros, Geri, Ceci y los chicos salían a recorrer el barrio en busca de los vecinitos.

Con los niños también fue un domingo de mucho dialogo, de repensarnos, de pensar en los valores, en nuestros valores. Junto al juego de la oca aprendimos a ayudarnos, a respetarnos, a apoyarnos en las derrotas, a enseñarles a los más chicos. Los juegos, como la vida, son mejores, más fáciles y hasta más entretenidos si son en grupo, en equipo.

Almorzamos, nos organizamos para servir y disfrutamos del delicioso plato. Compartimos la mesa, nos reímos, conversamos, consientes de nuestras diferencias pero felices por nuestras similitudes, felices por emprender esto juntos. Después llegó la hora de lavar los platos, se ofrecieron Ana, Rocío y César. Esta vez fue su turno y asumieron con orgullo el trabajo.

Por la siesta Abelino y los compañeros disfrutamos de la sombra. Conversamos de historias, de viajes, de luchas, de victorias, de vivencias, de enseñanzas que le ha dejado la vida a los más grandes. Porque nosotros, a diferencia de lo que nos imponen, y al igual que nuestros ancestros, creemos que hay mucho para aprender de nuestros mayores. Que hay que escucharlos y respetarlos, haciendo uso de lo único que no nos pueden robar: la memoria.

Llegada la tarde, en la sombra del paraíso nos esperaba la reunión de cada domingo con los compañeros del barrio. A la hora pactada comenzaron a llegar de a poco los vecinos. Entonces formamos una ronda para comentar las novedades y discutir nuevas necesidades y así aprender a luchar juntos, para ir confiando en nuestra fuerza y en que la realidad no es estática y tenemos un rol fundamental para modificarla. En ronda juntamos nuestras almas para resistir, pero para resistir también a nuestros modelos internos. A nuestras propias costumbres, a nuestra forma de ver las cosas, que no es casual. A nuestra resistencia a organizarnos. Al individualismo que tan internalizado tenemos. Y esa es la primer lucha que debemos ganar: la que es con uno mismo.

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