lunes, 23 de marzo de 2009

A UN MES DEL SEGUNDO SUEÑO, VAMOS POR MÁS..

El sábado a la mañana, cuando se cumplía exactamente un mes desde nuestro primer arribo al lugar, partimos nuevamente hacia la copa de leche "Estrella Azul ", tal como la bautizaron los niños semanas atrás.

El lugar de reunión pautado era la casa de Ricardo, de allí nos encaminaríamos por el sendero " permitido" detrás de nuestro guía, un hombre verdaderamente respetado en el barrio, hacia el hogar de Vanesa. La mañana era tranquila y encontraba a la mayoría de los vecinos durmiendo o empezando lentamente con sus rutinas, luego de un viernes agitado. Doblamos a la izquierda, derecha, izquierda de nuevo. Algunas manos levantadas y rostros risueños pero sonrientes, al son de un sonido que se repetía como eco: " ¡Ricardo!... ¡Eh, Ricardito!, ¡ Richarrr! ".

Finalmente, nos detuvimos frente al que era nuestro destino, una vivienda precaria pero acogedora en el más profundo sentido de la palabra. Vanesa acababa de llegar y nos recibió con la amabilidad acostumbrada. De a poco se fueron acercando algunas mujeres que suelen acompañarnos en la labor, vecinas solidarias que acompañan tímidamente en la lucha.

Nos sorprendió mucho la puntualidad de los pequeños, quienes llegaron casi todos juntos y al mismo tiempo, como en una estampida. Alrededor de cuarenta niños, el aire se pobló de rostros sonrientes, manos inquietas, ímpetu travieso, avidez por ese elixir blancochocolate que esperaban con ansias.

Así la mañana comenzó a desenvolverse con un ritmo particular, unos que se encargaban de preparar la leche, otros que jugaban con los niños, algunos que conversaban... y el tiempo que transcurría cálido, ameno... Tiempo de "¡torneo de penalees ! ", tiempo de dibujar, tiempo de sonrisitas agudas y timidez de niño que, de a poco, iba cediendo lugar a la confianza.

El sol sobre nuestras cabezas anunció la llegada del mediodía, y entre todos nos dispusimos a acomodar un poco, había que lavar las copas, había que barrer, había que guardar.... Nos despedimos uno a uno de los pequeños, "¡ Hasta el sábado que viene, no se olviden de que viene la murga!" , y luego fue el turno de los adultos, despedida que incluyo planes de un inminente almuerzo. Planes para seguir soñando. Para avanzar, para seguir organizandonos y pelear con alegría. Para ir por más. Fue un "hasta pronto" cálido, cargado de ilusiones, fue un "adiós " emocionado, con la certeza de haber hecho un bien a esos pequeños que se retiraban correteando con la panzita llena, con el recuerdo del buen trato recibido y los juegos de esa mañana, y con un océano de expectativas por delante, que el almuerzo, que la murga, que el torneíto del sábado siguiente. Sí los pequeños se retiraban con la cabecita poblada de promesas sencillas que, sabían, iban a cumplirse...

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