La mañana del domingo nos encontró reunidos en la casa de Martín cargando la ropa donada en los recitales para llevar a
Con los ojos perezosos pero cargados de sueños, esperanzas y nuevos proyectos emprendimos el camino hacia el barrio.
Lentamente fuimos llegando en turnos, solos o acompañados, e incorporándonos a los primero mates del día, esos que inauguraron la organización de la jornada.
Temprano llegó “la seño” Inés y su hija Carolina quienes, además de las ganas, trajeron material para repartir entre los chicos. Preparadas para un nuevo domingo de apoyo escolar, salimos a buscar a los chicos que se fueron sumando en el camino, entre carreras de bici y preguntas. Al pasar por las distintas casas del barrio, fuimos invitando a las mujeres para la reunión de la tarde destinada a seleccionar y dividir la ropa y alimentos donados.
Mientras tanto los hombres preparaban la comida bajo las órdenes de Abelino y tomaban mate planificando continuar la construcción de
Cerca de las 10 comenzamos con las tareas de la escuela. Inés charló con los chicos sobre sus actividades cotidianas y le fue dando ejercicios a cada uno de acuerdo a su grado y sus conocimientos. Entre todos ayudamos a los chicos a resolver las tareas, refrescando algunas cuestiones matemáticas un poco olvidadas, transformándonos en “seños” y “profes”. Cuando llegó el tiempo de dibujar, compartimos los lápices, las hojas, las formas. Aprendimos de qué se trataban los corazones con flechas y nos llenamos de dibujos que los chicos nos regalaban para que nos llevemos a casa.
Nos transformamos ahora nosotros en alumnos cuando los chicos nos hicieron una demostración de baile. Las nenas nos enseñaron a bailar reggeaton y cumbia mientras que los varones mostraban pasos de hip-hop. Entretanto estaba lista la comida.
Con los jabones que Inés nos regaló, hicimos fila para lavarnos las manos y poder juntos disfrutar del guiso que habíamos preparado para todos.
Después de comer jugamos un rato en la sombra, mientras esperábamos dar comienzo a las actividades programadas por la tarde.
De a poco se empezaron a acercar las mujeres, acompañadas por sus hijos que le contaban del apoyo escolar, los dibujos y los juegos. Entre mates, risas y charla fuimos organizando la ropa y la comida para las familias. También hubo lugar para los festejos por el día de la mujer: nos regalamos bombones y algunas palabras sobre qué supone ser mujer.
El techo de la copa iba tomando forma de la mano de César y Cheli que desde arriba iban acomodando las chapas que les iban alcanzando los otros compañeros. Al final del día, el techo de
Cuando la tardecita caía, acompañamos a las mujeres a llevar las bolsas con ropa y las invitamos a que volvieran el próximo domingo para disfrutar entre todos de un gran guiso comunitario.
Con el sabor de las tareas realizadas y los proyectos en marcha, nos sentamos – los que quedábamos – a disfrutar de unos mates dulces cebados en ronda mientras escuchábamos la radio y los ya famosos recitados de Cobani.
Sólo restaba despedirnos de la gente de Villa Suroeste saludándolos hasta el próximo domingo y emprender el camino de regreso, con la sensación de haber reforzado no sólo



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