Parece el título macabro de un programa "tilinesco". Lo cierto es que lentamente y de manera sistemática nos fueron despojando de cada una de las herramientas que nos permiten emanciparnos de la opresión a la que somos sometidos por nuestro propio ser y de esta forma poder crear un mundo en donde quepan muchos mundos. No solamente nos roban las ideas y sueños, la esperanza y la belleza de ser “Seres Humanos” que necesitamos del amor de los otros para poder vivir. Nos han robado, además, las herramientas que como sociedad contamos para poder despojarnos de la infelicidad que provoca este sistema que usa a la exclusión social como método de inclusión. Como cada domingo llegamos al barrio, tomamos unos mates y nos ponemos a realizar las tareas que cada uno debe cumplir. Algunos preparan la comida, otros buscan a los chicos y los ayudan con las tareas. El trabajo se hace entre todos. Cada uno aporta los saberes que tiene y los pone al servicio de los demás. La mañana pasa tranquila, los chicos cumplen con las tareas que tienen que realizar. Nos alegramos de las buenas notas traídas por Gastón. –“tengo 7 diez en la carpeta…” nos cuenta demostrando su alegría. Llega la hora de comer y entre todos ponemos la mesa, nos vamos acomodando mientras disfrutamos del espacio que nos regala el nuevo salón a medio terminar (nos queda por levantar una pared lateral y otra frontal). Llegada la hora de la siesta nos sentamos a la sombra del salón. El calor es agobiante y nos obliga a estar al reparo. Los chicos, acompañados por Romi y Nati (compañera de Tacural que nos visito en el día de hoy) jueg
an a armar palabras e intentan completar el rompecabezas de nuestro país. Por su parte Martin y Mati recorren el barrio y de esta forma conversan con los vecinos. Entre charla y charla, cuentan que el lunes comienza la “Semana por la Memoria, la Verdad y la Justicia”. Los invitan a participar y les comentan que durante la semana recibirán la visita de los distintos panelistas que llegarán a la ciudad. Milagros Salas, Alfredo Moffatt, Eduardo de la Serna y los murgueros entre otros, se mostraron interesados en conocer a los compañeros que nos ayudan y enseñan a ser mejores personas. Llega la merienda. Charlamos con los chicos lo que será la semana. Sale a colación el tema de los talleres murgueros, actividad de la que serán participes junto a los chicos de la copa de lecha “Estrella Azul”. A medida que avanza la charla, observamos que las caras cambian y nos dicen cosas. Se instaura un interrogante, “¿para qué querríamos una murga en el barrio?”. Las respuestas nos sorprenden y a su vez nos llenan de alegría. “Para ser felices”, “para luchar por nuestros derechos”, “para ser más compañeros y resolver las cosas hablando y no peleando”, “para que nos ayuden a terminar la copa”, “para que nunca falte la comida”, “para ayudar a las demás copas de leche”, “para conocer a otros compañeritos”…son algunas de las frases que salen como disparos a la indiferencia que se expresan ante tanto silencio obligado, son los primeros síntomas de denuncia ante la injusticia soportada a diario, maltrato social que no están dispuestos a seguir sop
ortando. Por todos estos sueños es por lo que los chicos bailan, gritan, cantan, comienzan a palpitar la esencia de la murga, de su baile alegre y de su expresión como pueblo de las injusticias vividas en estrofas de repudio pero con alegría, la única fórmula para soñar y para alimentar las desazones ocasionales. Con esta realidad damos por terminada la jornada que en su final nos dio una gran sorpresa y que no deja de sorprendernos cada domingo. Con este contexto, nos vamos alejando del barrio, sin poder dejar atrás la sensación de saber que los chicos nos dieron un claro ejemplo de que su inocencia no es apática a la realidad con la que conviven sino que son consientes de su dolor y encontraron en esta minúscula simulación de murga la herramienta para expresar su rechazo, la herramienta para bailar por los sueños…
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