Una nueva mañana de sábado nos orientamos hacia nuestras labores en la copa de leche “estrella azul”.
Fue necesario hacer una escala en casa de Ricardo para ultimar detalles organizativos de acuerdo al itinerario que a continuación relataremos:
Como es habitual, nuestra compañera Vanesa, siempre bien predispuesta, nos espera con los brazos abiertos y ricos mates mientras de a poco se suman vecinas del barrio con muchas ganas de colaborar y hacernos sentir “locales” en cierto modo.
De a ratitos y en pequeños grupos los chicos se acercan para disfrutar de su merecido desayuno después de una larga semana escolar o como dijo Huguito –“más corta fue la semana!” poniendo especial énfasis en la necesidad de llegar al “finde” y reencontrarse con sus “profes”, como respetuosamente nos llaman.La mañana se abre paso entre nosotros y llega la hora de los juegos. Nuestro amiguito Mati propone un torneo de bolitas y todos aceptamos gustosos el desafío. Improvisando y acordando sobre la marcha reglas del juego, nos disponemos a competir amistosamente junto a los habilidosos jugadores. Entre risas, peleas y algunas trampitas obvias del juego, la complicidad del diálogo fue dando lugar a la confianza y la camaradería que en un principio era resistida por la timidez en
tendible de los primeros momentos de recreación.
La proximidad del mediodía es un hecho y el lindo grupo que se había formado en el transcurso de la jornada debe separarse temporalmente. Rostros entristecidos por la inminente despedida, pero a la vez con una luz de esperanza en la mirada al escuchar un indudable y fehaciente “nos vemos la semana que viene, chicos” y ahí si partimos todos contentos hacia nuestros hogares, recordando bonitas anécdotas y experiencias vividas en una mañana cargada de emociones.



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