sábado, 4 de abril de 2009

CUESTIONES DE TIEMPO

Es viernes y la noche empeora. Vienen a la memoria las palabras de Juan acerca del pronóstico "el sábado llueve muchachos". Era martes y la confianza aún estaba intacta. Refusilos, truenos y algunas gotas serruchaban la idea de un sábado espléndido. Entrada la noche, la velocidad de la lluvia sembraba dudas.
Pasada la oscuridad, no cedió. Eran las 9 de la mañana, el tiempo, las comunicaciones con Ricardo y Vanesa no reportaban lo mejor. La densa lluvia no aflojaba, el pronóstico de Juan -ahora sin suspicacia alguna- la extendía hasta la noche y los caminos de llegada a la copa de leche "Estrella Azul" eran intransitables. Las facturas y la chocolatada esperaban en un rincón. Los niños en sus casas. Cuestiones de tiempo..
En el capitalismo el tiempo cotiza en dólares, hoy vale más que las acciones del alicaído Citigroup en la bolsa de Chicago. Ese mismo tiempo que nos impedía llegar a la copa de leche, ese tiempo que podían esperar las facturas y la chocolatada, no lo podían hacer los chicos. El hambre no espera, avanza. La lluvia no lo detiene, tampoco a nosotros.

Copa de tardee..
Obstinadamente decidimos llegar a casa de Vanesa. Primero la reunión es de Ricardo, como de costumbre junto a él y su familia nos abrimos camino hasta el barrio. Llega la Ceci a las 14 en punto y después de que la "Fina" nos enseña los avances que obtuvo en el primario, decidimos partir. Como siempre Ricardo va escoltado por su familia.
El barrio es distinto de tarde. Por la mañana la gente se queda en su casa, no se oye música, en muy pocas se ve luz y en menos, la TV. Se elige la vereda o el patio para compartir mates mientras en el fondo suena la Norte despacito. A veces, en los transistores de los más veteranos se oye algún que otro tango. Troilo, Castillo y Rivero pican en punta, Piazzolla los sigue detrás..
Por la tarde, los jóvenes ganan la calle. La cumbia suena, y más adentro del barrio el volumen sube. El canto de los pájaros es silenciado por motos y autos que circulan, la TV que aturde desde dentro de las casas y la cumbia que es oída por todos.
Doblamos por la calle de Vanesa, hacemos fila india sobre el único sendero en donde no hay barro, marcado por la altura de Mati que comanda la misión, detrás lo seguimos todos.
La familia Arquero nos recibe con alegría. "Los esperábamos por la mañana" dice Juancito, el más pequeño. De a poco la bola corre, el murmullo crece y van apareciendo los vecinitos. La vane sale con la jarra llena de leche y Ricardo con la bolsa de facturas. La mesa está rodeada de niños y Andy es el último en arrimarse.
Con la panza llena la alegría crece, por ello nos ponemos a jugar. Piruetas y demostraciones de destrezas físicas se realizan en el único pedacito de pasto que tiene el patio de nuestra copa. De a poco nos vamos desconcentrando y cada uno vuelve a su casa.
Ricardo pregunta cuantas facturas sobraron "ya que vinieron pocos chicos". Vanesa de adentro grita que son "muchas". A renglón seguido el Ciego propone volver por Tucumán y repartirla a todos los chicos del barrio. Andy nos acompaña en la travesía.
Nos despedimos de Vanesa y su familia, con la promesa de volver el próximo sábado por la mañana. Si las cuestiones del tiempo lo permiten...

La travesía según Andy y Ricardo
A las 16 nos despedimos de la Copa de leche "Estrella Azul", para comenzar con el reparto de las facturas y biscochos sobrantes.
Recordando siempre aquello que sugería Raúl Scalabrini Ortiz, de "ser uno cualquiera que sabe que es uno cualquiera" y sin enaltecer ninguna práctica, el cronista se atreve a relatar lo siguiente como una travesía.
Esta versión tiene dos patas fundamentales: la ideológica, que le corresponde a Ricardo, y la práctica que le corresponde a Andy. Vale decir, Ricardo fue el de la idea y Andy el ejecutor.
En plena tarde el Barranquitas es peliagudo. El grupo de cumpas de la CTA, junto a Ricardo y su familia, y al vecinito de la copa de leche Andy nos disponemos a recorrer el barrio donando las facturas sobrantes. Cada recoveco, cortada, bajada y subida fue visitada. Los niños salían con platos o bolsitas en busca de la "merienda", mientras Andy no dejaba casa de visitar y Ricardo llevaba la Gran Bolsa por la mitad de la calle.
Llegando a Jaime Ferré, los alimentos habían sido despachados y ahora le tocaba el turno a Andy de despedirse. Entre comentarios, risas y anécdotas llegamos de nuevo a la casa de los Vivas.
Luego del saludo cordial y un pequeño compromiso semanal nos despedimos, para volver, como la murga que se va pero siempre vuelve. Con la fe intacta y la tozudez necesaria para caminar junto a otros. Con esos otros que nos vamos encontrando en el camino. Con aquellos, que juntos vamos entendiendo que "toda la gloria del mundo cabe en grano de maíz" y que no pretendemos ser más que un grano, una semillita para enarbolar la confianza que otro mundo es posible. Esto como mucho en la vida, también, es una cuestión de tiempo...

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