Cada domingo ya no es el mismo desde que vamos a la Villa Sur Oeste, cada domingo, desde hace un año, padecemos junto a ellos las injusticias del sistema, padecemos con ellos, porque ya no hay diferencias, porque los golpes los recibimos todos, por más que algunos vivamos en la ciudad y otros en las afueras, la pelea la damos juntos.
Hace un año, en que cada domingo se nos expresa como ejemplo de una realidad que antes sólo sabíamos que existía pero, que lejos estaba en nosotros, pertenecer a ella, porque nosotros éramos “distintos” y una “buena acción” si, de vez en cuando, era suficiente para calmar la culpa que invadía nuestros cuerpos y que, para los creyentes nos ponía en falta con el Dios de los humildes.
Es ese instante de llegada al barrio en que todo cambia, nos alejamos de la ciudad y penetramos la realidad invisible, cambiamos de dimensión, nos convertimos en “distintos”, como ellos, lo sentimos, lo percibimos al regresar, porque nos encontramos con la ciudad nuevamente, y podemos ver miradas, vemos como esas miradas de los “normales” discriminan, quizás nuestro aspecto, percibimos como nos y los excluyen, sentimos un segundo lo que ellos sienten cada día.
Entonces llegamos al barrio, algunos nos ponemos a cocinar, otros a dibujar, hacemos tiempo para comer, reímos, jugamos, ponemos el cuerpo a la transformación.
Las mujeres del barrio junto a las compañeras se reúnen, debaten, participan, hay un espacio para ellas, para que también puedan opinar, y es en ese encontrase que surgen nuevas alternativas, como por ejemplo que la copa y el comedor funcionarán también una vez a la semana, las vecinas se encargarán de llevarlo adelante, comenzarán a cumplir una función importante en la organización barrial.
Al grito de ¡a comer! todos a la mesa, servimos la comida, comemos, ¡está rico! ¿Quién cocinó? Martín, el pelado y mati ayudaron un poco. Terminamos, ¿Quién lava? Nadie aparece ahora…pues bien juntamos los platos, entonces aparecen algunos vecinitos, ¡yo lavo! Bien, ¿Quién seca? Yo, yo seco, bueno, ponemos todo sobre la bomba, repartimos roles, aprendemos a ser solidarios, dialogamos, como diría Freire “el diálogo es el encuentro de los hombres que pronuncian el mundo…es un acto creador”…
Después, nos juntamos bajo la sombra del siempre verde charlamos, “dialogamos” debatimos ideas, alternativas. Caen compañeros, entre ellos “el turco” que está de visita en la ciudad y quiso conocer el barrio, se suma en la ronda.
Llegada la media tarde algunos junto a los chicos servimos y tomamos la leche, al finalizar cada uno se va a su casa, lavamos y nos reunimos nuevamente junto al resto en la ronda.
Ya el día finaliza, y avanzamos, no tan rápido como el helicóptero de gendarmería que sobre vuela la zona sino lentamente, respetando lo tiempos, respetando a los vecinos, insistimos, el próximo domingo volveremos a porfiarle a la realidad, la razón, porque sabemos que no vamos hacía una Patria más libre y para las mayorías si no la conquistamos ahora.



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