Llegó nuevamente el domingo. La mañana soleada y un poco fresca anunciaba que podríamos disfrutar de otro día, raramente cálido de otoño.
Abelino, como siempre, nos esperaba con el mate listo y nos recibía con sus típicas bromas y su cálido saludo. A medida que comenzaba a moverse la Copa, los compañeritos empezaban a llegar. Pronto la mesa estuvo repleta de papeles, colores, dibujos, risas, y las charlas habituales.
Más tarde, algunas compañeras emprendieron la tarea de caminar el barrio para charlar con las mujeres y organizar la vianda “Sueño de Chico” del próximo miércoles. Los cometarios acerca de la actividad desarrollada fueron muy positivos. “La comida estuvo muy rica”, “me gustó mucho el dibujito del papel” (el que diseñó el cumpa Heraldo para avisarles a los vecinos sobre la actividad), algunas opiniones.
Cuando llegamos a la casa de Doña María, ya nos estaba esperando con sus tres nietitas: Daniela, Cintia y Flavia, la más chiquita. Nos contó que estaban un poco descompuestas por el agua que toman de la bomba, un fluido turbio compuesto por sustancias muy tóxicas que poco a poco las va enfermando. También nos relató cuál es la medida que han tomado para prevenir la enfermedad que está causando pánico en la población: el dengue. “Tratamos de terminar todo temprano y las acuesto a las nenas, porque de noche hay muchos mosquitos”.
A pesar de la tristeza de estas palabras, nos alegró con una hermosa noticia: su nuera y mamá de las nenas, Rosa, está esperando un bebé. Ya son dos nuevos vecinitos, o vecinitas, que se suman a la comunidad del Villa Sur Oeste. Las tres hermanitas no quieren romper con la tradición femenina de la familia Trepo.
Es así como de charla en charla, domingo tras domingo, vamos entrando en las profundidades del universo del Barrio, del que hace casi un año que formamos parte. Conocemos su gente, sus problemas, sus esperanzas, sus tristezas y ya no son sólo suyas, son también nuestras. A medida que necesidades, sentimientos, intereses se van poniendo en común, nos transformamos, crecemos en la organización.
Cuando nos encontramos, conversamos, nos conocemos, perdemos la noción del tiempo. El tiempo capitalista, fragmentado, mecanizado no existe en aquel lugar que una sociedad (“feliz” y “orgullosa” (ignorante) esclava de este tiempo) oculta y margina.
Así el estómago, con sus crujidos (no la hora del reloj), comenzó a anunciarnos que era el momento de preparar la mesa para compartir el almuerzo. Guiso de fideos, con papas, calabazas y carne fue el menú del día.
Después que terminamos de almorzar y lavar los platos, nos sentamos en la sombra del siempre verde para recobrar energías y compartir unos mates. Cobani, angustiado por sus problemas del corazón, nos deleitó con su narración acerca de su filosofía de vida y algunos versos, acompañados de las bromas pícaras de Abelino y César.
Más tarde, fuimos a buscar a los niños para hacer un juego que los chicos habían preparado. La propuesta era la siguiente: dividirnos en dos grupos y juntar una serie de elementos (hojas, tierra, flores, corazones y horquetas) característicos del barrio. Los pegamos en afiches blancos y nos fuimos a sentar debajo del siempre verde para charlas sobre las necesidades del barrio y las posibles actividades a realizar.
Se decidió que dentro de dos semanas comenzaremos con una pollada, tarea en la que los niños también participarán: serán los encargados de confeccionar los bonos para la venta de los pollos.
Exhaustos de tantas actividades, estábamos deseosos de un vaso de leche caliente y de las ricas tortas fritas de Abelino.
Satisfechos, con las panzas llenas e impacientes por todas las actividades que se vienen, nos despedimos, esta vez no “hasta el próximo domingo”, sino “nos vemos el miércoles”.



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