martes, 28 de abril de 2009

NOMBRANDO EL MUNDO...

Conversar con Ricardo, mientras pateamos el barrio camino a la Copa Estrella Azul, es remontarse a otros tiempos. Es viajar años atrás en la historia de los barrios Villa Dominga y Barranquitas. Esos que bautizaron como “el bajo”. Barrios en donde funcionaba el primer basural de la ciudad, al lado del zanjón. “Acá yo pasé toda mi niñez, esto antes era todo ranchada. Vivíamos con mi abuela en un rancho que estaba dos cuadras para allá”, nos comenta Ricardo al pasar frente al ex basural local.

El Ciego, como le llaman algunos, encabeza la fila. Detrás de él sus hijos y los cumpas de la CTA vamos zigzagueando las calles de la parte norte de Rafaela. Bordeamos la cancha del Club Sportivo. Sobre el tapial un graffiti escrito con aerosol azul, uno de los colores del club: “somos los negros, somos los grasas, pero conchetos no…”. Al verlo, a algunos se nos viene a la cabeza aquello que Ricardo nos dijo alguna vez: “de avenida Brasil para acá (para el Norte) es otra ciudad” y nos preguntamos si sus palabras tendrán algo que ver, entre otras cosas, con lo que nos dice la pared del club.

A paso lento vamos acercándonos a la casa de Vanesa. La calle nos recibe cargada de basura a sus costados, hace una semana debían pasar a recolectarla. Aún no hay noticias. Al llegar a la Copa, vemos que unos cuantos vecinitos llegaron antes que nosotros y esperan la leche jugando a las bolitas en el fondo del patio.

Ubicamos la mesa debajo del alero. También algunas sillas, y casi medio centenar de vasos. Martín sale disparado para el patio a compartir el juego junto a los chicos.

No sólo los más chiquitos del barrio se arriman a la Copa, también lo hacen algunas madres. Así, de repente y sin planearlo demasiado, se arma la ronda de mates. Excusa perfecta para compartir la charla compañera sobre las cosas que ocurrieron durante la semana.

Los vasitos sobre la mesa se van llenando de chocolatada. Ricardo reparte las facturas, un par para cada pibe. Martín interrumpe el silencio de bocas llenas: “¿todos sabemos cómo es el nombre de la Copa?”, “¡Estrella Azul!”, gritan los vecinitos y vecinitas. “¿Qué les parece si hacemos unos carteles para que cuando viene alguien a visitarnos pueda leer cual es el nombre de nuestra Copa de Leche?”. La propuesta es aceptada por los pibes. A armar una ronda entonces.

Dos grupos de trabajo. Unos tienen un afiche azul, otros un afiche blanco. Hay que recortar y pegar las letras y después decorar los carteles con papeles de colores…

A partir de este sábado, nuestra Copa se viste con sus colores propios. Los carteles flamean colgados sobre una de las paredes de la casa. Al verlos, Vanesa nos dice que se responsabilizará de cuidarlos. “Yo me encargo de que nadie los toque”, soltó con firmeza en su voz.

Al mirar el reloj las agujas marcan las doce menos cuarto. Hora de partir hacia las otras ocupaciones. Ricardo debe volver a la radio, la FM Norte. En minutos comienza su programa. Con él, los cumpas de la CTA emprenden también la retirada.

Juntos volvemos a caminar las calles del barrio. A escuchar lo que “el Ciego” nos va contando…

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