miércoles, 22 de abril de 2009

POSTAL DE BARRIO

Una autentica postal de barrio se plasmó este domingo en la Villa Sur, una nube de tierra impedía la entrada a la copa, los gritos se escuchaban casi desde la entrada del angosto y descuidado camino que permite el ingreso al barrio. Una muchedumbre de niños y compañeros entrelazados por un mismo sentimiento, producto del juego como acto liberador, expresión común de la alegría.

Desde hacía mucho tiempo no se compartía un momento común con los compañeritos del barrio, quizás la tarea de trabajar con ellos se nos había olvidado un poco, como tantas cosas que se nos olvidan o que dejamos de ver o apreciar porque tendemos al acostumbramiento, caemos en un activismo rutinario y dejamos de lado la coherencia entre el pensamiento y la acción, la praxis.

Este domingo fue un domingo de fútbol, si, no solo por el multimillonario negocio que entretiene y paraliza durante noventa minutos las cabezas de millones de espectadores sino porque en el barrio, chicos y jóvenes jugamos entre golpes y porrazos hasta la hora de comer, fuera de toda óptica rentable y negociados turbios sino con un objetivo totalmente diferente, integrarnos desde la alegría.

Al medio día servimos la comida y compartimos con los vecinos el almuerzo que domingo a domingo cocinamos juntos y que separa la jornada de actividades en el barrio.

Después de comer, seguimos con un campeonato de penales, de fondo, el clásico. El juego por equipos permite que nos encontremos, genera confianza.

La tarde nos espera con la leche y las tortas, después, bajo la sombra del siempre verde, nos reunimos como todos los domingos, pero esta vez, Martín trajo una guitarra, por lo que a la costumbre del dialogo le sumamos la música, todos nos sumamos, algunos vecinos con ardua experiencia recitan y cantan sus vivencias, sus canciones, poesías, convierten a la reunión en un hermoso teatro de expresión popular.

Mediante el paso de la tarde, nos vamos retirando, el próximo domingoya no será la continuación de nuestra presencia en el barrio sino que asignamos un nuevo día de comedor y copa de leche, el miércoles. De a poco vamos avanzando, respetando los tiempos pero a la vez tumbando estructuras que frenan la transformación de esta realidad injusta que se niega a reconocer que si nos organizamos, tarde o temprano deberá torcer su rumbo.

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