lunes, 11 de mayo de 2009

ALEGRÍAS DE RESISTENCIA

Casi como una paradoja ante tanto sufrimiento diario, ante tanta mentira que se organiza para desaparecer y hacer invisible a los pueblos, resistimos con alegría. La murga uno de los tantos actos de expresión popular y de resistencia que los pueblos a lo largo de nuestra historia hemos desarrollado, nos permite hoy seguir construyendo un nuevo sueño colectivo.



Desde temprano, como cada domingo arribamos al barrio. En esta oportunidad, lo hacemos con compañeros que, sujetos a una experiencia e intención solidaria nos dan una mano en la pelea. Además, se suman otros, que a pesar de estar cercanos a la realidad de los pueblos, aún descubren muchos mundos, dan su primera experiencia en los barrios y se suman con la alegría de su esencia al trabajo barrial.

Ellos son los murgueros, espécimen raro para las clases medias, objeto de prejuicios y agravios por parte de aquellos que creen ser el modelo de vida a seguir, mientras en sus vidas, entre otras cosas, se cargan de culpas que domingo a domingo limpian en la misa de la apariencia.

Nosotros y los murgueros, cada domingo, elegimos hacer antes que decir e intentamos en el mayor de los casos vincular ambas técnicas de tranformación.

Es así como se suman los “Sin Caretas y Sin Vergüenza” al trabajo. Murga proveniente de la localidad de Suardi, ubicada al norte de la provincia de Santa Fe, sede del Encuentro Nacional de Murgas.

Este grupo de jóvenes se integra mediante diferentes talleres que comenzaron este domingo en el Villa Sur Oeste y a través de los cuales los tendremos con nosotros un largo tiempo.

Este domingo compartimos junto a los chicos y vecinos del barrio Villa Sur el almuerzo. Después, descansamos en la sombra de algunos árboles mientras esperamos la llegada de los chicos que se fueron después de la comida a jugar en las piletas de la abundancia cercanas a la Villa.

Cuando regresan, (algunos, porque otros seguirán allí hasta más tarde) comenzamos con el primer taller de murgas en el barrio. Todos, en una gran ronda escuchamos las ordenes de Wally y sus dos compañeros de marcha, Chano y Débora, que nos enseñan a dar nuestros primeros pasos murgueros.

Después de unas horas de reír, jugar, saltar y cansarnos de bailar como murgueros tomamos la leche.

Ante tanto baile terminamos la tarde exhaustos, pero con ganas de seguir por este camino, dentro de quince días volverá la murga, que irá encontrando su espacio en el núcleo de actividades que programamos para cada domingo.

En nuestro regreso, una caravana de bicicletas marcha lentamente hacia la ciudad, pero esta vez con un bombo a cuestas, símbolo de la negativa a bajar los brazos y sobre todo de la alegría en la resistencia.



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