lunes, 18 de mayo de 2009

DE PELUQUEROS, FUTBOLEROS Y MEDIÁTICOS

Parafraseando a Luis Bruschtein, de Don Pascual, pasamos a ese carrilero por derecha, aunque por izquierda también, al que en el barrio llamábamos puntero. El fútbol era un espectáculo lindo, sin ser maravilloso uno se sentía representado en la multitud que miraba desde afuera, en los compañeros que pasaban para salir juntos rumbo a la cancha, en los colores de la camiseta, en los esfuerzos del defensor que rascaba para mantener el arco (la cuenta) en cero. En esos tiempos, el tango con sus tristes melodías calaba hondo en estos arrabales. El folklore también. La mezcla era plural y respetada. Luego llegaría el tiempo en el que –como dice León- el fútbol se lo comió todo.

Con el puntero jugando de punta, el juego cambió. El partido, la cancha y las formas fueron otras. Con Don Pascual el diálogo era sincero, sabia lo fundamental, lo necesario. El interés era genuino y preocupado, real. La barriada se juntaba en su casa, o en otra de la cuadra, y buscaban (soluciones, propuestas, adherentes y opositores).

El puntero hacía cuentas, medía la cancha, la distancia al arco, calculaba la fuerza. Con suerte y cada tanto –o por equivoco- metía un gol para la multitud.

Desde hace tiempo en el territorio nació un nuevo jugador. Con muy poco de Don Pascual y muchas mañas del puntero: el mediático. Se cuela en cuanto lugar puede.

En las barriadas, castigadas por los que se creen dueños de todo (hasta de la historia, precisó Walsh), el mediático juega su partido. Si no es por cable, la antena viene bien.

En tanto, nosotros llegamos a lo de Ricardo. La mañana de sábado es fría, los gorros y bufandas están aferrados a cuellos y cabezas. Esta vez Ricardito, el tercer hijo varón y cuarto de la familia Vivas se quedará en casa. Le harán compañía sus hermanos, menos el Manu, que como ya “es grande” y sabe cuidarse, nos acompaña.

Camino a la “Estrella Azul”, la “Norte” es una constante de acompañamiento, no por motus propio, sino por el de los vecinos. La Juana no para de mandar saludos y ellos de disfrutar.

En esta ocasión el mediático cumple el rol que debe tener, la Norte está en el 92.3 del dial y es la única comunitaria de Rafaela. La comunicación no es un negocio, incentiva al vecino y por ello, éste responde.

En la cortada Entre Ríos la recolección no pasó, la calle es intransitable y la basura decora el paisaje. Vanesa, compañera del Barranquitas que todos los sábados nos recibe a nosotros y a sus vecinitos poniéndole el calor necesario a la fresca atmósfera, abre sus puertas y nos ofrece un preciso mate de la esperanza.

Mientras el mediático juega su peor partido en la esquina, a tan solo media cuadra de nuestra copa de leche, justificado por la “Semana de Internet”, los vecinitos reciben el convite de “La Muni” para desarrollarse, integrarse y tener acceso a las nuevas tecnologías. Aquellos que no tienen acceso a un trabajo digno, a una vivienda digna, a un barrio digno, a una educación digna, se les hace difícil creer que tendrán acceso a Internet, en tanto día a día se les hace imposible pagar la cuenta de luz.

Asesorado por el puntero, el mediático recalcitrante se acuerda del barrio en estas fechas. Los demás días no son importantes. El día a día de la gente es para lucrar, no para buscar, como lo hacían don Pascual y los de su cuadra.

Mientras la leche se comparte en la mesa de Vanesa, con unos cuantos cumpas y con otros que van llegando decepcionados –en su mayoría- por las pocas soluciones a sus necesidades, que le brinda el mediático que se acuerda de ellos por otros motivos, menos indecibles. Las elecciones legislativas por caso. No por el ejercicio ciudadano en sí, sino por lo que se oculta detrás.

-“¿Te gustó lo de Internet?, ¿Qué hicieron ahí?”, preguntó Ricardo.

-“No, deja. Más fiero fue. Jugamos un rato en un jueguito que era aburrido y después vimos un porno que la señorita no podía sacar y tuvo que apagar la máquina”, replicó el recién llegado Dani.

La charla finalizó cuando el vecinito brindaba algún detalle más del “porno”.

Después de la leche, algunos jugaban a las bolitas mientras otros conversaban y observaban el partido. El juego preparado por la comisión de recreación no se pudo llevar a cabo por las magras condiciones de la calle, el patio, y por interrupción en la normal cantidad de compañeritos que concurren a la “Estrella Azul” por parte del juego virtual. Que por ser virtual, no brinda cariño, afecto, amor sincero, las necesidades básicas de una persona y que más se sienten en la barriada.

Pero nosotros estamos. Estuvimos y estamos, aprendiendo a ser mejores personas, a organizarnos más, a ser más sensibles, más compañeros, acordándonos de todos todos los días.

Después de la llegada de Nico y su comentario sobre el frío que padeció en la densa madrugada mientras trabajaba y una pequeña anécdota de mordiscón, nos fuimos despidiendo de los compañeritos del barrio, sabiendo que saben que buscamos organizarnos para poder luchar por lo que nos corresponde, confiados que –como jóvenes- tenemos el enorme desafío de construir un lugar un poquito más hermoso, donde entren otros mundos, donde sean posibles otras cosas, donde nos acordemos de todos todos los días, donde la política no sea mala palabra y la vuelvan a traccionar los Don Pascual. Construyendo organización. De abajo hacia arriba. Buscando por dónde y cómo germinamos felicidad compartida.

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