viernes, 15 de mayo de 2009

VENCIENDO LAS ADVERSIDADES

Gotas de lluvia caen del cielo en un miércoles descolorido. El firmamento se encuentra cubierto de nubes grises acompañadas por un frio húmedo. Se hace complicado levantarse de la cama temprano, la lluvia tienta a quedarse acostado, a no salir del rincón de los sueños.

Un factor externo es utilizado por el sistema para que nos olvidemos de compartir un momento con los compañeros del barrio. Pero trabajar en conjunto y la fuerza que dá un grupo de compañeros y compañeras que están siempre al pie del cañón, ayudan a vencer el escollo.

Al llegar al barrio, esté nos recibe de una manera distinta. No se escuchan las risas de los chicos en la calle, ellos no nos dan la bienvenida como lo hacen habitualmente. Los ranchos se encuentran cerrados, herméticos. El frio obliga a los compañeros y compañeras del barrio a no salir, a ser prisioneros de su hogar.

Al llegar al salón, nos dividimos la tarea a realizar. Un grupo se queda preparando los elementos de cocina, pelando papas, rayando zanahorias, picando cebollas o cortando el pollo. El resto sale a recorrer el barrio. Hay que recordar que al medio día va a estar el arroz con pollo y charlar con los vecinos. Como siempre, ellos nos esperan con el mate preparado para intercambiar palabras.

Realizadas las primeras tareas en la cocina se empieza a saltear la cebolla, luego se le agregan las papas y la zanahoria para que posteriormente se le heche agua al recipiente.

Los mates cebados por María ayudan a calentar el cuerpo maltratado. Maltrato insignificante si lo comparamos con los derechos negados a los compañeros del barrio que cada mañana despiertan siendo ignorados por una sociedad que los considera inexistentes.

Las charlas transcurren en la mañana. La salsa lentamente larga un aroma exótico que indica que pronto va a estar la comida.

Los vecinos se acercan a buscar la vianda para poder compartir el plato de comida con la familia. Aprovechan para preguntarnos como viene el tema de la pollada del domingo y ofrecían una mano.

Solo queda un último paso por dar. Lavar las grandes ollas y los cubiertos para luego dejar acomodado el salón comunitario de cara al día domingo.

Recorremos el camino de entrada al barrio. Nos subimos a las motos y volvemos hacia la cuidad. Ya no caen gotas de lluvia del cielo, el frío continúa. Nuevamente vencimos las adversidades que en el día a día se nos presentan y cumplimos con el objetivo de la vianda “Sueño de Niño”: que cada niño y niña del Barrio Villa Sur Oeste pueda compartir el plato de comida caliente con su familia, plato que preparan los vecinos para sus vecinos.

0 comentarios :

Publicar un comentario