La mañana de un invierno cambiante estremece la piel, confunde los sentidos. Los días se tornan raros, ciclotímicos. En un par de horas pasamos de compartir una mañana con síntomas de otoño a una tarde invernal en donde el viento, la llovizna y el cielo nublado conjugan un lugar triste.
20 de julio del 2009. Cuán distinta es
Como paradoja del destino, el cielo de una tarde gris se pone triste recordando a su creador. A aquel que luchó por una Latinoamérica unida compartiendo sueños y utopías con San Martín, Bolívar, Artigas, Güemes y tantos otros que dieron su vida por estas tierras. Cosa rara de esta parte del mundo que recuerda la muerte y no la vida, que idolatra a monumentos de mármol y se olvida de la persona, del ser humano.
Como cada sábado la mañana comienza temprano. Cuesta despertar, todavía quedan resabios de aquellos seres que dormían h
asta tarde al comenzar la mañana del fin de semana. Nos reunimos y vamos dividiendo las tareas. Mati se encarga de buscar las facturas, por su parte Leo y Martín van al super a comprar los elementos que faltan para preparar la copa de leche.
Volvemos a encontrarnos en lo de Ricardo. Mientras esperamos a la familia Vivas, “el ciego” conversa con nosotros y nos sirve unos mates. Salimos hacia el barrio. Cruzamos Jaime Ferrer y entramos a Barranquitas. Recorremos sus calles y llegamos a casa de Vanesa.
Alguna que otra cargada se hace presente mientras los chicos van llegando. La calle se vuelve el salón de juegos. Los compañeritos juegan con cartas y corren sin parar compartiendo el momento.
Mati y Leo se juntan con los chicos en el patio de la casa. La idea es contar cuál es la actividad que se ha preparado para la fecha. Nos tomamos de la mano y hacemos una ronda. Luego de tomar la leche cada compañerito y compañerita realizará un móvil y de esa forma adornar la copa, darle más vida. Por su parte Martín conversa con Ricardo y Vanesa haciendo referencia a la
s ganancias obtenidas en la venta de empanadas y cuál es la mejor forma de plasmar de manera práctica esas ganancias en mejoras para la copita de leche.
Se escucha una voz que indica que la leche esta lista. Nos reunimos, cada uno toma su vaso y compartimos el desayuno. A medida que disfrutamos del tiempo que va transcurriendo nos vamos aprehendiendo las costumbres del otro, empezando a entender las miradas, a comprender al compañero y a la compañera y nos dejamos comprender por ese otro ser.
Mientras llega Nico, acomodamos los materiales para armar los móviles. Los compañeritos de más edad les darán una mano a los más chicos. Los materiales a utilizar son cartón; papel de diario, revista o crepe; plasticola; algunos fibrones y la imaginación.
La mañana pasa flameando en el horizonte, lentamente los móviles se van uniendo formando adornos que demuestran sentimient
os profundos manifestados en la expresión de cada niño. Vemos los colores del barrio y nos damos cuenta de lo importante que es trabajar en conjunto. Los chicos se dan cuanta, ayudan al otro y se dejan ayudar. Se siente un ambiente diferente, ciertas barreras que no permitían conocerse se han roto.
A medida que van colgando los móviles vamos llegando al final de la mañana. Uno piensa en ese país soñado hace 189 años, por ese hombre creador del cielo celeste y blanco, en ese ser que luchó por una patria libre y soberana. Uno se enorgullece de aportar en la práctica cotidiana y conjunta con otros un simple granito de arena a ese río de lucha y anhelo de liberación que hace 500 años recorre las venas de nuestra querida América Latina. Uno se enorgullece al hacer suya la lucha de Manuel José Joaquín del Corazón de Jesús Belgrano y de tantos otros. Se le llena el pecho de emoción al darse cuenta que no se está solo, que a pesar de todo seguimos estando y seguiremos, aunque algunos no quieran y otros no entiendan.



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