La locura mediática parece un germen que carcome la mente humana. Los medios manejan el imaginario colectivo de la sociedad a su gusto. Hoy la noticia es la pandemia provocada por la tan famosa Gripe A. Hace unos meses que la locura se define como inseguridad. Cada año aparece un informe que refleja el mal de chagas en el impenetrable chaqueño o la desnutrición en el norte del país. Males que
En el transcurso de los días hemos escuchado infinidad de supuestos casos de influenza que nunca se confirman. Este decir sin saber, expresado en el “chismerío” de barrio y fomentado por los medios, provoca un mal mayor al provocado por la gripe. Uno empieza a vivir con miedo, no sale de su casa por temor a enfermarse. El miedo causa esa sensación de inmovilización y uno sin quererlo se suma a esa idea.
Es domingo. A las 7 de la mañana hay que tomar un colectivo, llegar a la terminal ,subirse a un minibús e ir hacia el centro. Las calles de Rafaela se encuentran desoladas, el sistema propone no juntarse, aislarse, atomizarse y la gripe es un arma importante. Parece mentira como el sistema capitalista convierte todo hecho que ocurre en su órbita en un arma a fin a sus ideales.
A las 8:30 suena el timbre de la casa de Martin. El "tigre” (apodo utilizado por Leo para referenciar a cada compañero) se despierta, se lava la cara y ofrece un café que es rechazado. Leo utiliza la pared como soporte, cierra los ojos e intenta imaginar que está en su cama, en su casa, en su pueblo.
Suena el teléfono, llega algún que otro mensaje. A las 9 se parte para el barrio. Las calles siguen vacías, el ruido no existe, cada ser se encuentra encerrado en su casa. Sólo se escucha el viento y se siente el frío.
Al llegar al barrio el panorama no es diferente. El cambio que se nota son los remolinos de tierra y viento. Hace mucho que no llueve y allí ese “mucho” se nota demasiado. Se llega al salón de la Copa, buscamos cinta y empezamos a recorrer el largo camino a la vera de la vía en desuso. A medida que caminamos vamos colgando los carteles que la comisión de comunicación preparó en referencia a
A su vez realizamos una tarea mucho más importante: conversar con los vecinos, preguntando cómo andan, cómo los trata el frío. Nos damos cuenta que ellos no tienen tanto miedo. Ya están acostumbrados a las crueldades del capitalismo. Crueldades que no merecen sufrir, que ningún ser de este planeta merece soportar, pero que como sociedad fatalista que somos dejamos que ocurran porque creemos que son hechos determinados, imposibles de impedir. De esta forma expresamos que es justo que el mundo sea así de injusto.
La mañana pasa, el sol va calentando el ambiente. Nosotros seguimos conversando, intercambiando ideas, chistes, risas y preocupaciones. Seguimos compartiendo con el otro, seguimos haciéndonos en el hacer cotidiano, seguimos compartiendo luchas, seguimos venciendo el miedo, seguimos demostrando que no somos seres determinados, que es posible transformar esta realidad que nos abruma, que nos agobia, que es injusta aunque en ocasiones el miedo nos juegue malas pasadas.



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