miércoles, 29 de julio de 2009

POR LOS SUEÑOS Y ANHELOS DE LAS GRANDES MAYORÍAS

Es sábado temprano. Hace unas horas uno escuchaba música a alto volumen y veía como algunos adolescentes se automaltrataban emborrachando sus penas.

Son las 8:30 de la mañana, llegamos a casa de Ricardo cargados de facturas, dos escobas, y demás instrumentos que se usarán para crear espantapájaros, y la motocierra con la que se cortará un árbol de la casa de Vanesa.

Recorremos las calles de Barranquitas y el grupo se divide en tres partes. Adelante se encuentran “el chileno” Nicolás, Martín y Heraldo. Luego vienen conversando Ricardo y Mati y en el fondo, algo rezagados, vienen Leo y Jesús (hijo de Ricardo).

Leo trae en su mano izquierda la motocierra, la cual motiva a que Jesús cuente y describa las escenas que observo en la película de terror que vió por la noche. Un hombre masacraba gente con su motocierra. Leo escucha sorprendido, las imágenes narradas le resultan curiosas y se pregunta cuán macabro será el sistema que naturaliza en la retina de cada sujeto imágenes tan desagradables que se vuelven cotidianas y no permiten distinguir lo bello de lo horrible. Imágenes que se relacionan de manera fácil con lo descripto en el primer párrafo.

Llegamos a casa de Vane. Dejamos las mochilas y demás cosas en la cocina y hacemos andar la motocierra. Leo empieza a descuartizar el árbol mientras Mati va guiando en que lugares se deben hacer los cortes. Derrumbado el árbol Mati toma la posta y sigue con el trabajo. El resto de los compañeros y compañeritos van llevando las ramas hacia el fondo del patío. Por la tarde Vane y su familia se encargaran de sacar las ramas a la calle.

Llegada media mañana acomodamos la mesa, preparamos los vasos, repartimos las facturas y servimos la leche. Cada compañerito y compañerita comparten el momento. Ahí nace una nueva sensación y a uno se le viene a la mente lo narrado por Jesús y lo escuchado y visto en la noche del viernes. Nuevamente se pregunta; cuán cruel es este sistema que vuelve natural y cotidiano que millones de niños y de niñas no pueden compartir con sus familias una taza de leche o un plato de comida. Sistema que transforma a este mundo en una película de terror. Película que basa su argumento en las desigualdades, económicas y espirituales, a la que son sometidas las grandes mayorías en favor del bien de unos pocos. Desigualdades que condenan a millones a sufrir hambre, pobreza, exclusión, marginación. Desigualdades que naturalizamos y volvemos inmodificables no porque creamos que lo sean sino porque nos han convencido de que así lo son.

A medida que desayunamos, vamos conversando con los chicos la actividad que el grupo de recreación ha preparado para el día de hoy. El frío y las heladas de este invierno raro todavía no permiten que se confeccione el proyecto de huerta realizada por los chicos del barrio, utilizando cajones de madera. Por esa razón nos adelantamos algunos pasos y armamos los espantapájaros que cuidaran de nuestra futura huerta. A su vez, Martín conversa con Vanesa y realizan una lista con los chicos que participan en la Copa Estrella Azul. Luego empiezan a contar la cantidad de lajas que necesitaremos para cerrar la Copa.

Juntados los vasos armamos dos grupos. Chicos y grandes vamos creando con nuestra imaginación y algunos elementos adicionales (camisas, sacos, goma eva y escobas) a estos nuevos seres a los que bautizamos con los nombres de Joná y Homero.

Terminado el trabajo planeado por los compañeros de recreación y materializado por chicos del barrio hacemos nuestra la calle y empezamos grandes y chicos a jugar saltando la soga. Risas, carcajadas, caídas graciosas, piruetas se hacen comunes.

Llega el medio día y lentamente vamos acomodando el lugar. Nos vamos despidiendo y entre saludos nos damos cuenta que la “peli” creada por el sistema tiene sus fallas. Como dice Freire, por suerte no somos seres determinados sino que somos personas que nos hacemos y en el quehacer cotidiano. Hombres y mujeres incompletos que, gracias a esa facultad, tenemos la certeza de que podemos modificar esa película, transformar su desarrollo en algo justo para todos, donde los anhelos y sueños de las grandes mayorías se puedan manifestar. Ese ser inacabados nos permite soñar y luchar para que el final del film sea bello y se pueda reconfigurar cada vez que las injusticias vuelvan a aparecer.

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