Las hormigas se levantan con los primeros rayos del sol. Organizadas y siempre activas, salen del hormiguero en busca de su alimento. Importante aclaración: no van en busca del alimento individual o propio, sino pensando en toda la comunidad. Pasito tras pasito, trozos de hojas, granito más granito, van construyendo su comunidad. Con paciencia y sobre todo, perseverancia y esfuerzo.
El sábado, Barranquitas amaneció tranquilo y ventoso. Un calor sofocante desde temprano amenazaba una tormenta que, por suerte, no llegó. El sol, si bien no nos privó de algunos de sus rayos para alumbrar la mañana, decidió permanecer un rato más escondido.
Un grupo de cumpas aterrizó en la casa de Vane, donde funciona nuestra Copa de Leche "Estrella Azul", y sin perder tiempo, se puso rápidamente a preparar las actividades planeadas. Algunos permanecieron en la cocina haciendo la leche y, otros, se fueron al fondo del patio a cavar un pozo, con la ayuda del hermano de Vane, para la sorpresa del día.
Poco a poco se fueron acercando los compañeritos. Sus ojos entrecerrados, algún que otro bostezo, y sus cabellos alborotados delataban que no hacía mucho tiempo, se habían levantado. Había que empezar a movernos, quitarnos esa modorra inmovilizadora y paralizante. Romper con el sueño y encontrarnos con la realidad que día a día nos interpela y que paso a paso, con organización, podemos ir transformando. Por ello, sin perder más tiempo nos trasladamos al fondo del patio donde nos esperaba el nuevo integrante de la copa “Estrella Azul”: un pequeño limonero.
Entre todos plantamos el árbol bien firme en la tierra y comenzamos a pensar en la forma de cuidarlo. Para no olvidarnos de estas palabras muy importantes, decidimos dejarlas por escrito en un papel afiche que colgamos en la copa, con el fin de que pueda recordarnos los cuidados que debemos tener con nuestro nuevo compañerito. Algunas ideas que surgieron en la charla fueron: regarlo todos los días, no treparnos, y sobre todo cuidarlo, protegerlo y quererlo mucho.
Después de haber terminado con todo esto, nos dimos cuenta de algo: a nuestro amiguito le faltaba un nombre, algo tan simple pero tan fundamental para poder identificarnos y diferenciarnos de los demás, porque cada uno es único e irrepetible. Decididos no pasar por alto este importantísimo derecho del pequeño limonero, pensamos un nombre. Después de discutirlo entre todos, Carlo fue el nombre elegido. Carlo (sin S), el limonero de la copa de leche “Estrella Azul”.
Por último, para recobrar todas las energías gastadas, tomamos la leche y comimos los bizcochos. Seguimos conversando, riendo y conociendo más en profundidad a cada uno de los compañeritos del barrio. Cuando faltaba poco para partir, con Dani y Yani nos pusimos a imaginar y dibujar con un clavo en la tierra. Los pequeños surcos adquirieron diferentes formas: nuestra bandera argentina, casas, una paloma…
Llegó la hora de la despedida. Abrazos, besos, Vane tratando de controlar a los inquietos y traviesos niños fue el escenario de la partida. Hasta el próximo sábado gente del norte rafaelino, estas hormigas se retiran, pronto nos volveremos a encontrar para seguir construyendo nuevos sueños.



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