martes, 11 de agosto de 2009

ALGO MÁS QUE UN SIMPLE FESTEJO

“La política es la ciencia para servir al pueblo”, expresa Evo Morales presidente boliviano en el film-documental “Bolivia para Todos”. Hace algunos años me hubiera resultado imposible comprender esta bella y profunda frase expresada por el mandatario boliviano.Confieso que aún me resulta complicado. Solemos tener una imagen distorsionada de dicho accionar humano.

A su vez Leonardo Boff en el primer capítulo del libro “La Nueva Evangelización” expresa que el ser humano se encuentra atravesado por diferentes dimensiones en donde sobresalen lo político, lo cultural, lo social, lo ideológico y lo religioso. Todo accionar que realizamos en nuestro actuar cotidiano tiene repercusión en el plano social y se ve enmarcado por estas dimensiones descriptas por el teólogo brasileño.

Si nos centramos en lo político, pero sin olvidar las demás dimensiones, encontramos que muchos actores sociales ocultan esta dimensión detrás de actos que tienen una connotación política que favorece a algunos y perjudica a muchos. Estos personajes tienen una oratoria distorsionada tomada de un traidor ruralista o se olvidan mencionar la fecha de publicación de documentos papales oficiales que luego los medios relatan como verdades absolutas que ubicadas en determinados contextos y utilizando sólo algunas oraciones confunden al lector, televidente o radio escucha.

Hoy es un día diferente. El Día del Niño provoca trastornos a grandes y chicos. Nenas y nenes piden juguetes mientras que madres y padres hacen malabares para llegar a casa con algún regalito.

Desde el martes por la noche, compañeros y compañeras de nuestra querida Central, estamos organizando un día distinto pero muy parecido a lo compartido cada domingo. Juegos, buscar regalos y envolverlos, preparar la piñata, comprar los alimentos para el guiso, preparar la masa para las tortas fritas y hacer grasa para cocinarlas. Cortar carne, papas, cebolla y zanahorias. Buscar la garrafa. El día del niño para nosotros empezó una semana antes.

El domingo por la mañana dos motos parten hacia la Villa Sur Oeste. Dos compañeros se quedan en el barrio para reunir a los vecinos, caminar unos quilómetros y después tomar el colectivo urbano que los dejara a unas cuadras de la Copa de Leche “Estrella Azul”, en el corazón de Barranquitas. Ese es el lugar elegido para que más de 90 chicos y chicas puedan festejar su día.

Temprano llegamos a Barranquitas. Nos vamos dividiendo las tareas. Un grupo se junta en la cocina y empieza a hacer el guiso y a cocinar las tortas. Otro grupo juega y conversa con los chicos que poco a poco se van acercando. Saltar la soga, jugar con aros, tumbar botellas de plástico, hacer rondas que se arman, se desarman y se vuelven a armar. Jugar a la mancha, a la escondida, compartir el mate y algún que otro baile, son actividades que se entrecruzan, que se hacen una.

Minutos antes de llegar al medio día, ponemos el agua a calentar para cocinar los fideos. Lavamos un fuentón y mezclamos salsa y fideos en un mismo recipiente. Los niños ya se encuentran sentados. Cada uno recibe el plato de comida que merece, probablemente el mejor regalo que recibieron en su día. Regalo que deberían recibir cada día (mañana, tarde y noche) pero que el sistema a través de sus secuaces se encarga de privarles.

Llega la hora de la siesta. Lentamente empiezan a sonar los centros musicales que alegran el barrio, el cual se encuentra expectante. Sportivo viaja a Sunchales por una nueva fecha de la Liga Rafaelina de Fútbol. Los colores blancos y azules rugen en el Norte rafaelino.

Mientras se prepara la merienda, nuevamente volvemos a jugar, a compartir muchas risas y algún que otro llanto.

Llega leche acompañada de tortas. Después la piñata y nuevamente a jugar al patio mientras se espera de manera ansiosa los regalos y alguna que otra sorpresa.

Pasa la tarde, el sol lentamente se esconde, mientras un vozarrón se escucha. La compañera Vanesa pega uno de sus gritos y los chicos empiezan a hacer una fila de menor a mayor para recibir su regalo. Cada uno va abriendo su obsequio y descubre nuevos sueños. Luego busca un conito de pochoclo con azúcar el cual compartirá con propios y extraños. El sol se esconde un poco más rápido y los chicos vuelven hacia sus hogares. Los grandes se quedan conversando un rato y luego también parten. El día termina.

Imagino que en este momento usted se preguntará porque comenzó la crónica de una manera tan extraña. De mi parte le respondo que somos una Central Sindical, Política, Gremial. Que no necesita ocultar su discurso, que no niega a lo político como uno de los componentes fundamentales de todo ser humano. Que no desdibuja su discurso por unos pesos ni manipula información con el fin de favorecer a los que más tienen. Que no se vende al mejor postor. Que somos una Central plural que se va construyendo con las pequeñas grandes luchas que miles de compañeros van realizando en su territorio. Una Central que está siempre luchando al lado de los trabajadores porque esta Central es de ellos. Una Central que continúa las luchas que en nuestro continente tienen más de 500 años. Una Central que encuentra, en la alegría del compartir una sonrisa, mucha más fuerza para seguir luchando, para seguir caminando. Una Central Sindical, Política, Gremial que no práctica la caridad ni hace colectas nacionales sino que trabaja a la par de la clase trabajadora, de los sectores populares, hombro a hombro, porque está convencida de que ese es su lugar. Una Central que cree que es posible emanciparse, que es posible transformar la realidad, que es posible plasmar los sueños colectivos, que entiende que las utopías no quedan tan lejos como se suele creer.

0 comentarios :

Publicar un comentario