En el marco de la Jornada Nacional “Los Trabajadores No Vamos a Pagar la Crisis” este viernes salimos a la calle para revindicar los derechos que como trabajadores tenemos ante la actual crisis de este sistema, injusto desde su esencia.
La falta de sensibilidad social de sectores cuya acumulación desmedida y lujo artificial les impiden asumir los costos que la situación amerita, después de largos años de ganancias extraordinarias, hace que una vez más se utilice como variable de ajuste los despidos a los trabajadores.
Es por eso que, inmerso
s en esta realidad y como tantas veces en la historia, los trabajadores salimos a la calle a hacer escuchar nuestra voz, intercambiando palabras e ideas con cada trabajador, resistiendo una vez más ante el avance injusto de la desocupación y la exclusión a cambio del bienestar de unos pocos.
Es por eso, que desde temprano dimos a conocer en las calles de Rafaela, una ciudad que se extraña ante cualquier síntoma que altere su “normalidad”, la lucha que nuestra Central lleva adelante por la prohibición de los despidos sin causa, la asignación universal por hijo, seguro de empleo y formación para todos
los desocupados, paritarias libres y aumento para todos los jubilados y pensionados hasta llegar al 82% móvil. La necesidad de un blindaje social que proteja al trabajador y que lo ampare bajo una correcta y equitativa distribución de la riqueza. Exigir el otorgamiento de la personería gremial para CTA, como así también la plena vigencia de los principios de democracia y libertad sindical ratificados por el fallo de
Profundizar el proceso de nacionalizaciones, sancionar una nueva Ley de Entidades Financieras con una regulación que tenga en cuenta los intere
ses sociales, promulgar leyes que resguarden el medio ambiente contra la explotación indiscriminada de los recursos naturales poniendo fin a la acción depredatorias de la explotación minera y la expansión de la frontera agrícola sobre bosques y humedales.
Por todo estos salimos y por todo esto saldremos, porque la historia lo demanda hoy más que nunca, porque el silencio nos hace cómplices y sobre todo porque nuestra dignidad no tiene precio ni mucho menos posibilidad de seguir siendo maltratada por quienes creen tener el derecho a hacerlo.



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