lunes, 7 de septiembre de 2009

CON UNA SONRISA ESPERANZADORA

El viernes 4 de este mes, en la Copa de Leche Estrella Azul, realizamos la segunda “Gran Venta de Ropa” abierta para todo el barrio, ofreciendo a $1 la prenda, $2 el calzado y $ 0, 50 la ropa interior. La misma tuvo continuidad el domingo 6 . Con lo recaudado comparemos las lajas para cerrar la copita de leche, ese espacio tan imaginado y tan deseado por todos nosotros.

Hace una semana, una compañera del barrio lo propuso en la reunión, animándose a tomar la palabra, a confrontar en el debate interno del grupo, a defender su proyecto con ideas. Nos han golpeado tanto que nos hicieron creer que las ideas se imponen o se defienden con violencia. Sabemos que existen instancias o espacios en lo que esto ocurre pero esta es también nuestra lucha, la construcción de un espacio democrático y lo suficientemente amplio para poder enriquecernos los unos de los otros.

Luego de ser aceptado por el colectivo, comenzamos a organizar la actividad, a elegir las prendas, doblarlas, presentarlas, analizando que era lo que más se necesitaba, escuchando a Vane que aconsejaba según lo que había oído en el barrio. Mientras algunos realizábamos esto, otros compañeros se dedicaban a diseñar los folletos que luego serían distribuidos por todo el barrio.

Así fue como aprendiendo a organizarnos, a debatir, descubriendo las necesidades concretas de los vecinos llegamos al viernes. A las 13.45 nos encontramos con Vane y Maca, para comenzar. Rapidamente nos pusimos a ordenar, a convertir a ese hogar tan solidario y acogedor en una gran feria de ropa. Y, entonces, cuando sacamos las cajas a la luz inmediatamente se acercaron las vecinas y los vecinos del barrio buscando ropa para sus hijos o maridos.

Después de un rato ya eran varias las mujeres que elegían y se medían las diferentes prendas, pero, a la vez, entre chistes, comentarios, bromas y preguntas nos íbamos conociéndo un poco más profundamente. Cuando apareció el mate todo se hizo más ameno, un clima hermoso nos envolvía, un sueño colectivo, la necesidad de cambiar lo que vemos mal, la necesidad que nuestros hijos puedan disfrutar de las misma manera que todos los niños de esta ciudad.

Entonces la venta se convirtió inmediatamente en un espacio en el cual también comenzamos a compartir anécdotas, historias, pero a la vez las problemáticas del barrio. Pusimos en común nuestras opiniones y discutimos cuáles serían las herramientas adecuadas para emprender esta nueva lucha.

Al atardecer, ellos volvieron a sus casas, nosotros guardamos todo a su lugar, y nos sentamos a tomar los últimos mates con Vane antes de emprender la vuelta. Una sonrisa esperanzadora renovaba nuestros rostros. Una vez más, juntos y organizados, ganamos otra pequeña pero importante batalla.

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