martes, 1 de septiembre de 2009

LUCHANDO, TRABAJANDO Y TRANSFORMANDO

Invierno extraño que estamos viviendo por estas pampas que solían ser húmedas. Las pocas precipitaciones, a lo largo de los últimos seis meses, provocan un tierral que al ponerse en sintonía con el viento y el sol que quema cabezas, nos hace acordar a un verano en pleno agosto.

La idea de progreso indefinido y de hombre que controla todo lo que lo rodea, siendo Dios entre los Dioses, se deshace a medida que la naturaleza toma venganza por las atrocidades que durante el siglo XX fuimos fomentando.

Sólo el ser humano, sólo el hombre, es capaz de construir las armas de su propia destrucción. De todas las especies que habitan este hermoso planeta somos los únicos que poseemos la infortunada gracia de matar por placer. Somos los únicos que destruimos de manera consciente nuestro ecosistema. Nuestra avaricia es tal que no nos alcanza con estar en armonía con la naturaleza como lo hace cualquier especie, o como lo hacían y hacen las culturas originarias, sino que destruímos todo lo que se encuentra a nuestro paso en pos de conseguir el máximo rédito económico disponible sin que nos importe en lo más mínimo cómo se consigue. Envenenamos nuestras tierras con plaguicidas y toneladas de agroquímicos y agrotóxicos para convertirnos en un país productor de una plantita verde que se usa para producir alimentos para animales europeos (no es que esté mal que una vaca inglesa se alimente pero sería bueno que estas tierras sirvan para alimentar a su gente).

Por suerte el ser humano es contradictorio. Puede no sólo entrar en armonía con la naturaleza sino que además puede contemplar su belleza. Puede recrear mundos y de esta forma hacer que existan muchos mundos, transformándolos, volviéndolos más justos, más solidarios, más humanos. Puede amar hasta morir para vivir eternamente, (no sólo se habla aquí del hijo del hombre, sino también de San Martín, Belgrano, Bolívar, Artigas, “el Che”, Angelelli, Mujica…).

Es sábado bien temprano. De a poco nos vamos encontrando en casa de Martín, donde tenemos que buscar al “chileno” Nicolás. Desde ahí sale uno de los grupos de trabajo hacia Barranquitas. Luego se sumarán más compañeros y compañeras en el transcurso de la mañana.

Mientras estamos llegando el barrio despierta lentamente. La cumbia -algo de cuarteto también- empieza a sonar alegrando la mañana. Los chicos se acercan, vamos charlando, nos vamos encontrando. Mientras se calienta la leche, jugamos al juego de las verduras (ideado por los cumpas de recreación), a la mancha puente, a la carrera de carretillas humanas, al barrullo.

Al estar la leche todos nos vamos hacia el tinglado, a resguardarnos del sol y su calor. La cumbia suena más fuerte y algún que otro compañero recuerda la noche anterior y se pone “a menear las caderas”, risas y cargadas se hacen presentes. La leche, acompañada de facturas y bizcochitos, nos da fuerza para nuevamente volver a jugar.

Primero hacemos una mancha cadena. Luego jugamos al “juego de las verduras” el cual nos dará pie para poder conversar con los chicos sobre el proyecto de Huerta Orgánica. Ya cansados pero alegres por poder compartir con el otro nos vamos hacia la sombra de las chapas.

Nos sentamos en ronda y empezamos a conversar. Un compañero pregunta qué es una huerta. Los chicos contestan y a su vez repreguntan. Entre todos vamos respondiendo a los interrogantes que la comisión de recreación había preparado para poder llevar adelante la actividad. Los chicos nos enseñan, a través de teorías que ellos fueron recreando en la práctica y con sus palabras (que son más profundas que las nuestras), como se debe preparar la tierra, que cuidados se deben tener, como se deben preparar los cajones para sembrar, que vegetales crecen en esta época del año, porque la huerta debe ser orgánica, y uno se da cuenta una vez más que la educación y la enseñanza no es sólo cosa de letrados y termina dándole las gracias a Freire por ser muy pocas veces educador y casi siempre educado por los vecinitos del barrio.

A medida que conversamos vamos dejando constancia de lo charlado en un afiche.

La mañana sigue su rumbo. El medio día llega y los chicos se despiden lentamente. Con los “cumpas” nos quedamos soñando e imaginando cómo será la actividad del próximo sábado. Las sugerencias y enseñanzas de los chicos retumban en la cabeza desarticulándola y ordenándola nuevamente. Nos despedimos de Vane, nos vamos despidiendo del barrio.

En este invierno extraño, en la pampa que solía ser húmeda y con un tierral en sintonía con el viento y un sol que quema cabezas, seguimos encontrándonos. Seguimos soñando, luchando, trabajando y transformando. Levantando las banderas que muchos levantaron antes que nosotros. Sabiendo que sólo somos un granito de arena que recorre un largo río de lucha que se identifica con los sufrientes, los humildes, los siempre olvidados pero que resisten y nunca se cansaran de resistir porque saben, tal como lo expresa Martín Fierro, que "mas Dios ha de permitir que esto llegue a mejorar; pero se ha de recordar, para hacer bien el trabajo, que el fuego, para calentar, debe ir siempre de abajo".

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