El ambiente está tan tenso que podría cortarse con una tijera. Las piezas se mueven. De un lado de la mesa, a la derecha, encontramos las blancas, del otro, a la izquierda encontramos las negras. Los peones de a poco van avanzando. Los blancas están un poco más adelantadas, no por casualidad, sino porque son las que llevan la ventaja… en el juego son las que empiezan. La guerra es sutil, con elegancia. El caballo de las negras se ha lanzado a la batalla y ha entrado en el Congreso de
El último domingo de agosto comienza de un modo inusual para la época del año: el sol extiende sus largos y delicados dedos para acariciar nuestras nucas desde muy temprano. Mientras tanto, un viento travieso y escurridizo nos deleita con su danza alborotando nuestros cabellos y envolviéndonos en pequeños remolinos de tierra.
El camino, que hace poco fue arreglado para que los profundos pozos y las rocas no dificulten el paso, nos abre sus brazos y nos conduce al corazón del Villa Sur Oeste. Como fiel confidente, nos va revelando de a poco las historias y los secretos que se fueron tejiendo a lo largo de la semana. A medida que vamos avanzando, los vecinos, compañeros trabajadores, con su mirada triste y nostálgica
, de rostros curtidos por sufrimientos, inclemencias del clima, y por el trabajo pesado y duro que han desarrollado toda su vida, nos saludan con su cálida sonrisa que se extiende hasta los ojos, borrando por el momento las huellas del severo pasado…haciéndonos sentir otra vez como en casa…
En la Copa ya se está empezando a cocinar el guiso de arroz para el mediodía, así que un grupo de cumpas decidimos ir a visitar a los vecinos e invitar a los compañeritos para jugar y hacer las tareas. Nos sentamos a la mesa, decorada con palomas y flores de colores, y empezamos a ver los cuadernitos de cada uno. En el juego, el aprendizaje es más rápido y sencillo, rompemos el rígido esquema de la escuela que separa en una distancia abismal al alumno del docente y lo reemplazamos por otro más complejo y a la vez, simple. Nos sentamos al lado, a la misma altura y compartimos abrazos y besos. Nuestras manos y caras están i
gualmente adornadas por tierra. Dejamos de ser alguien que sabe y alguien que aprende. Somos compañeros. Estamos unidos por un profundo lazo de afecto. Ambos enseñamos y aprendemos al mismo tiempo…Gabi juega con Lara y practican los números, Brian usa su ingenio para ganarle a Fany en el ta-te-ti, al lado, Lara sueña con otros mundos y escribe una historia con Lore y, Lauri firme en su propósito, practica una y otra vez para aprender a leer junto a Romi.
La comida está lista. Retiramos los útiles y ponemos la mesa. Esta vez nos acompañan Silvia, César y Rodolfo, vecinos del barrio y familiares de Gabi y Pablito. Un ambiente ameno y alegre nos rodea. Chistes que van y vienen. Otros permanecen más silenciosos degustando el guiso. Una vez que terminamos de comer, lavamos los vasos, platos y cubiertos en la bomba. Después, nos sentamos a esperar para lanzar la actividad de recreación, al mismo tiempo que luchamos para que la modorra no nos venza. El viento no hace más fácil la tarea…co
n sus ráfagas, o más bien látigos, deposita tierra en los ojos. Los cerramos…y más de uno da un cabezazo para despertarse.
Llegó la hora. Juntamos a todos los chicos y nos sentamos a la mesa de la Copa. Antes de empezar, Brian nos sorprende y por qué no, descoloca con sus agudas e inusuales preguntas. ¿Qué es el índice verbal?...¿De dónde habrá sacado eso?, nos interrogamos. Lo que pasa es que Brian mira el informativo con su papá. Pudieron conseguir una batería para tener luz y usar el televisor, algunas veces.
Le explicamos que la forma correcta es Índice Merval y que se trata de una abreviatura que significa índice del mercado de valores, es decir todo aquello que se compra y vende. Después, este tema nos conduce a hablar acerca de las noticias que vemos en la tele, la mayoría negativas. Siempre vemos que alguien roba, mata…pero la cuestión es ¿por qué no pasan noticias buenas? Seguido de esto, empezamos a charlar sobre qué cosas escuchamos que se venden en el mercado. Cereales, carne
y también soja. La soja es un producto que comercializa mucho
De aquí surge nuestra necesidad: producir nuestros alimentos para que sean sanos. Necesitamos empezar a construir nuestra Huerta Orgánica. Pero ¿por qué orgánica? Por la razón que formulamos antes: no vamos a usar venenos para fumigar los vegetales. Además es una forma económica de producir alimentos porque no vamos a tener que comprarlos.
Una vez formuladas las razones de por qué es necesaria una huerta, empezamos a discutir sobre el modo de hacerla: preparamos la tierra, la limpiamos de pastos, es importante aclarar que no deben quedar ni siquiera raíces. Sólo tierra, si es negra mejor. Luego la removemos, si se consiguen gusanos se le colocan. Se tira la semilla y sobre ella un poquito de tierra y
pasto. Luego se la riega. Una vez que crece, recién ahí se saca el pasto seco. Todos los días debemos regarla un rato y en invierno se debe proteger el cultivo de las heladas usando un nylon, pero esto depende de la verdura que sembremos.
Terminado el debate, dejamos escritas nuestras ideas en un afiche y empezamos a preparar la leche. Estamos satisfechos, la primera semilla de la huerta ha sido colocada: hemos tomado conciencia de por qué es necesaria.
Tomamos la leche y poco a poco comenzamos a ordenar la Copa. Una vez terminado el día, un peón negro se ha movido al otro lado de la mitad del tablero. Continuaremos el próximo domingo en el barrio y mientras tanto seguiremos dando la lucha en otros espacios.



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