miércoles, 16 de septiembre de 2009

PONIÉNDOLE UNA ESTRELLA EN EL SITIO DEL HAMBRE

Cumplió nueve años, y ahí viene en su bicicleta. Tiene una gran sonrisa y un brillo especial en los ojos, frena de golpe frente a nosotros y nos mira con toda su picardía esperando un abrazo, un beso y un feliz cumpleaños. Sólo eso.

Juntos caminamos hacia la Copa, nos cuenta que hoy en “La paloma en la Flor festejan su cumpleaños, que compró caramelos para compartir y que invitó a sus amigos. A este espacio comunitario ya lo toma como suyo, en realidad como nuestro porque sabe que es de todos, que allí no hay un dueño. Siente que en ese espacio se vuelve niño por una horas, puede jugar, aprender, reírse, gritar, llorar. Actitudes que debe reprimir luego, a las cuatro y media cuando sale a vender pan por los barrios más adinerados de la ciudad. Debe comportarse como un adulto, se levanta a las cuatro de la mañana a preparar el pan que luego saldrá a vender; muy temprano su padre se va a trabajar, entonces la soledad y los desafíos del barrio, de la ciudad, de la vida, los deben afrontar ellos mismos. Él y su hermano.

Por la mañana en la Villa Sur, junto a este cumpleañero y a los otros chicos, repasamos cosas de la escuela. En estos tiempos difíciles, las tareas quedan en el último lugar, la escuela parece diluirse entre las otras responsabilidades, como por ejemplo de conseguir para comer. Entonces soñamos juntos que todo va a mejorar, que debemos seguir luchando, no abandonar a pesar del desgano, que llegar a séptimo grado será bueno.

¡Ya basta de tareas y jugar! Y un rato más tarde, ya en medio de la diversión se escucha a lo lejos: ¡la comida esta lista! Corremos a la Copa y nos dividimos las tareas, nos organizamos porque sabemos que si trabajamos todos lo haremos mejor y más rápido. Algunos buscamos los bidones y vamos por el agua, otros a enjuagar los platos y otros a poner la mesa. Por último, nos sentamos a saborear ese guiso que tantos colores tiene , acompañado por la especialidad de Silvia y César, compañeros del barrio: unas exquisitas tortas fritas.

Por la siesta, la sombra nos llamaba, históricamente el ombú ha sido albergue de grandes sueños, de grandes charlas: las cisternas, la escuela, el laburo, proyectos comunitarios, la familia, nuestras historias, fueron los temas que nos unieron esta vez.

Hasta que la leche estuvo lista. Entonces las velitas se encendieron, formamos una ronda y todos juntos cantamos el tan simbólico Feliz Cumpleaños. El cumpleañero pensó largo rato los tres deseos hasta que se decidió y sopló mientras todos lo aplaudíamos. Es inexplicable la sonrisa que llenaba ese pequeño rostro, entre tanta alegría la solidaridad brotó de sí, las peleas y las diferencias quedaron atrás, sacó la bolsita de caramelos y comenzó a repartirle a todos los compañeros. Así es como reafirmamos nuestro compromiso, nuestra lucha también en defensa de la niñez. Nuestra lucha para que las riquezas de nuestro país se distribuyan con justicia para que ningún niño muera de hambre y todos puedan acceder a una educación digna.


"Es honra de los hombres proteger lo que crece,
cuidar que no haya infancia dispersa por las calles,
evitar que naufrague su corazón de barco,
su increíble aventura de pan y chocolate,
transitar sus países de bandidos y tesoros
poniéndole una estrella en el sitio del hambre,
de otro modo es inútil ensayar en la tierra
la alegría y el canto,
de otro modo es absurdo
porque de nada vale si hay un niño en la calle."


(Fragmento de "Hay un Niño en la Calle" - Armando Tejada Gómez)

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