lunes, 5 de octubre de 2009

ALEGRÍA TRANSFORMADORA

"Defender la alegría como un derecho,
defenderla de Dios y del invierno
de las mayúsculas y de la muerte
de los apellidos, de las lástimas
del azar y de la alegría"*

Resulta curioso como una risa relaja el cuerpo y el alma. El mundo capitalista, imperialista e individualista que prioriza al mercado y sus artimañas antes que al hombre y a la mujer, nos roba toda chance de alegría. Amputa dimensiones profundas (solidaridad, amor, esperanza, fe, justicia, cultura, política) que habitan en todo ser humano, dimensiones fundantes de cada ser que habita estas tierras y que son componentes esenciales para fomentar esta alegría transformadora.

Lamentablemente hemos dejado las risas de lado. Vivimos “caraculicos”, llenos de arrugas, de lagrimas mal secadas, de angustias y tristezas, siempre preocupados. Es la lógica de este sistema perverso.

Creemos que la alegría se encuentra únicamente en las cosas materiales, y descuidamos todo aquello que nos regocija el alma y alimenta el cuerpo.

Como expresa Jauretche “el arte de nuestros enemigos es desmoralizar, entristecer a los pueblos. Los pueblos deprimidos no vencen”. La tristeza no es motor de cambio, de transformación, sólo produce frustraciones y condena al fracaso.

Cada sábado, bien temprano, salimos hacia la casa de Vane la cual se transforma por arte de magia (magia de encontrarse con el otro y formar un nosotros) en una Estrella de brillo Azul que demuestra su hermosa luz en medio de Barrio Barranquitas.

En ese lugar, en donde se encuentran “los malos”, “los cabecitas negras”, los herederos de aquel aluvión zoológico que “invadió” la plaza uno aprehende a ser alegre.

Siempre encontramos una sonrisa, el mal humor siempre es disipado, las pálidas son reprimidas. Uno se redescubre como ser capaz de transmitir alegrías, de expresar, crear y recrear dimensiones que el capitalismo hizo que olvidáramos. La alegría abre una brecha de esperanza.

Por esa razón se arman las montañas humanas y las risas causadas por cosquillas picaras revolotean en el aire. Las cargadas sanas provocan bienestar, las charlas entre chicos y grandes provocan el encuentro desde un mutuo respeto. El aprendizaje, el conocimiento y el encuentro con el otro se vuelve dialéctico, forjador de nuevos sueños, de nuevas esperanzas.

Los siempre olvidados, o sólo recordados en épocas electorales o para limpiar el alma de algún cristiano que de cristo lleva solo el nombre, hace rato que resisten desde la alegría. Siempre encuentran la forma de seguir a pesar de todo, de no caerse, de sobreponerse, de levantarse y volver a caminar.

El encuentro provoca eso. Las ganas de caminar con otros, de seguir, de que a pesar de caernos podamos levantarnos con la ayuda de otros, de reír con otros, para otros y por otros.

Por eso es importante recuperar la risa, la alegría, el llanto compartido, las ganas de ser mejores personas, mejores seres humanos. Sólo así es válido luchar por un mundo más justo.

Continuando la cita de Don Arturo “por eso venimos a combatir por el país alegremente. Nada grande se puede hacer con la tristeza”. Así luchamos desde la alegría, alegría que encontramos en el encontrarnos con el otro y con otros para formar un nosotros y de esta forma transformar este mundito injusto en un lugar en donde haya muchos mundos justos.


* Fragmento del poema "Defender la alegría", de Mario Benedetti.

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