miércoles, 28 de octubre de 2009

APRENDER EN LA LUCHA

Amaneció en Rafaela. Amaneció en la Villa Sur Oeste. Un domingo más. Hacemos el camino para llegar, y en el traspaso de la urbe al barrio, uno va percibiendo ese peculiar olor, propio de la mañana, propio de la tierra, de la naturaleza, del barrio. Esa tranquilidad. Ese mundo diferente. A medida que circulamos a través del camino, uno puede observar como todo va despertándose, y como algunos grupos de chicos van regalándonos los primeros saludos. Al llegar a la Copa, allí están, los más chiquititos. Allí están. En una ronda hojeando revistas entre sonrisas ingenuas, aún. Algunos cumpas ya estaban allí, esperándonos y preparando todo para comenzar a cocinar. Luego de cortar las verduras, entre risas y anécdotas, un grupo de mujeres emprendimos marcha por el barrio, para contarles a todas las mujeres que todos los lunes habrá en la Casa de la CTA Castellanos una peluquera que cortará el pelo y hará manicura gratuitamente a todas las que lo deseen. Así fuimos, casa por casa, caminamos y caminamos. Acercándonos a cada hogar, y charlando con cada una de ellas. Íbamos, juntas, de la mano, íbamos, en busca de nuevas manos, en busca de más organización, en busca de nuevas voces, de nuevos sueños, y con la ilusión de nuevos reencuentros. Íbamos para unir lazos, proponiendo un nuevo momento, que nos permita encontrarnos y marchar juntas en un nuevo camino de lucha.

Encuentros, reencuentros, historias, dudas, anécdotas, risas, recuerdos, temores, tristezas. Sensaciones que iban brotando en ese pequeño trajín.

Al regresar, vemos que los varones están jugando un partidito de fútbol… quemando energías que pronto recuperarán con el sabroso guiso que Lore y Mati están cocinando en la Copa

¡Ya esta listo! Allí estábamos reinventando un encuentro más. Las pancitas llenas, y comienza a escucharse el silencio de la siesta en la Villa Sur...

No se trata de elaborar motivos tan sofisticados, plasmados en grandes discursos. Es el andar diario el que nos demuestra claramente las grandes injusticias que aprendimos a naturalizar. El único y verdadero motivo es el amor. Pero es una tarea no tan fácil, sobre todo cuando habitamos un mundo que nunca nos enseño a amar, y menos aún a ser amados genuinamente. Nos educaron para desconfiar, y para no creer en nosotros como pueblo. Nos dijeron que todo lo que uno da, requiere de algo a cambio, y que la verdadera felicidad radica en la realización personal, en el propio bienestar.

Ya conocemos el sistema, y algunas de sus trampas. Conocemos y reconocemos la injustica. Y también hemos escuchado voces disfonicas, y hemos visto miradas cansadas, cuerpos enfermos, y la voluntad pisoteada. Ya sabemos también, que algunas voces quedan camufladas entre tanto ruido, y que se acostumbraron a no ser escuchadas.

Duele saber que hay quienes siguen optando triste y cómodamente por creer el verso del “fin de la historia”, y duele también que existan quienes difundan esa gran mentira. Duele pensar en que el capitalismo haya ido aplastando a la humanidad, y le haya arrancado su capacidad de imaginar algo diferente. Sueños que fueron abatidos por el materialismo, por el individualismo. Nos enseñaron a delegar la tarea de hacer nuestra propia historia a personas que son ajenas a ella. Porque en realidad, muchas veces, no es más que el juego ilusorio de la decisión, de la democracia. El desafío es grande. Y en la lucha hemos sentido cansancio y resignación que muchas veces nos invitaron a quedarnos mirando como todo sucede, a desistir en la lucha de construir nuestra historia, y de cambiarla, pero no estamos solos, y sólo ver brillar algunos ojos o alguna sonrisa triste, ya es suficiente para seguir. Sostenernos entre nosotros es necesario para sobrevivir. Encontrarnos hace posible saborear alegremente el gusto, muchas veces amargo, de la vida cotidiana, y seguir creyendo en esta lucha por un mundo más feliz. El poder está en nosotros. El poder está en lograr organizarnos. En quienes todavía apostamos por un mundo más justo. El poder lo construimos entre todos. Y la lucha, es un aprendizaje diario lleno de errores, alegrías y tropiezos. De ellos aprendemos todo el tiempo. La unica manera de ganar una y otra lucha es estar, estar, y seguir estando.

Cuando logramos organizarnos, y encontramos, nos damos cuenta que es posible soñar juntos y descubrimos lo más hermoso y aún más gratificantes poder cumplirlos entre todos, porque enorgullece y llena el alma.

Hoy, en la Villa Sur, algunas nubes esconden el cielo azul. Pero todos sabemos que detrás de ellos existe un gran cielo, y mañana mismo puede salir el sol.

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