miércoles, 14 de octubre de 2009

CONSTRUYAMOS Y REMONTEMOS SUEÑOS

Después de una tormenta que azotó toda la noche con lluvia y viento muy fuertes, el barrio se hallaba silencioso y triste. El camino tenía algunas hojas y ramas caídas. Se hacía un poco difícil entrar. De vez en cuando, algún compañero patinaba y trataba de mantener el equilibrio para no caer en el barro. Mientras avanzábamos, observábamos los techos de las casas, que estaban más flojos y tenían algunas chapas un poco más levantadas. Sin embargo y afortunadamente, la tormenta no había hecho mayores estragos.

Llegamos a la Copa y fuimos hasta la casa de los vecinos para pedirles una olla y algunos utensilios para preparar el almuerzo. Nos había surgido un inconveniente: no teníamos la llave del rancho de César, el compañero que amablemente nos guarda todos nuestros elementos, así que debíamos buscar otra alternativa. Cuando íbamos a empezar a cocinar, nos dimos cuenta de que era demasiado tarde. La comida estaría lista para después de las dos de la tarde, así que decidimos repartir los alimentos entre los compañeros del barrio y regresar a las 2 y media para preparar la leche.

Casa por casa, fuimos encontrándonos y conversando con los vecinos. Un ambiente de conmoción, melancolía y profunda tristeza envolvía la charla. La razón de esto se debe a la pérdida de un compañero de la Villa Sur Oeste: Angelito. Una pregunta se repetía constantemente, ya sea en voz alta, para los demás, o para nosotros mismos. ¿Por qué se quitó la vida justo ahora que iba a ser papá?

Nunca se va a saber exactamente lo que llevó a nuestro compañero a tomar esta decisión, única salida que halló para sus problemas. Pero los vecinos y las personas que lo conocían un poco más hablaban de que hace un tiempo, tuvo un accidente en su trabajo y no pudo recuperarse totalmente. El dueño del campo, lugar en donde trabajaba, lo despidió sin indemnizarlo, dejándolo totalmente a la deriva. Tampoco podía buscar otro empleo debido a su accidente. Quizás ésta sea parte o gran parte de la respuesta a nuestro interrogante. Quizás…

Y entonces surge otra pregunta: ¿Por qué siempre terminan perdiendo los más pobres? ¿Por qué son usados como un material descartable? ¿Por qué son siempre los pobres, los olvidados? ¿Por qué la muerte de un pobre importa tan poco? Y así podríamos seguir preguntándonos tantas cosas…

Lo cierto es que es el trabajo el motor de nuestra vida. Es el trabajo el que nos hace sentir vivos. Es el trabajo el que nos permite tener una vida digna. Es el trabajo el que nos permite soñar…y el que nos permite cumplir esos sueños.

Pero cuando el trabajo se nos niega, se amputan todas las oportunidades, desaparecen los sueños…y se desvanece la vida. Nos sentimos desmoralizados, desmovilizados y perdemos la alegría, somos vencidos en la lucha…se nos escapa del corazón y de las manos la esperanza que nos anima a creer en la posibilidad de cambiar las cosas. Es así como nuestros pueblos, a lo largo de toda la historia han tratado de ser derrotados.

No dejemos que nos venzan. A las 2 y media de la tarde, volvimos a la Copa y empezamos a preparar la leche. De a poco, los pequeños compañeritos fueron cayendo. Algunos vienen cantando, otros llegan con sus bicis…siempre con esa sonrisa pícara, siempre con esa alegría que nos da fuerzas para seguir a pesar de la desesperanza, a pesar de la tristeza que la vida cotidiana no deja de recordarnos.

Juguemos a la mancha, armemos una ronda, cantemos, bailemos, riamos hasta el cansancio, corramos, construyamos y remontemos barriletes, al igual que nuestro querido compañero Angelito disfrutaba hacer con los chicos del barrio. Construyamos y remontemos sueños. Volvamos a creer que un mundo más justo y feliz es posible para todos.

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