Nosotros que, individualmente como hormigas, no somos nadie, pero colectivamente en un hormiguero podemos remover los cimientos de una casa, no encuadramos en el concepto de un revolucionario. Sin embargo convenimos que estamos movilizados por un profundo amor al prójimo como profesa la iglesia y similarmente también Ernesto Guevara.
Es la pasión de andar la que nos lleva a encontrarnos todos los sábados con Vane, es el entusiasmo y la alegría que trae cada pibe cuando llega a la Copa “Estrella Azul” la que nos fortalece las razones que cada uno de nosotros necesitamos para mirar y ver hacia adelante. Y es sólo amor lo que tenemos para ofrecer y seguir sembrando más amor.
Sentimos que hacemos falta, pero no somos indispensables. Sentimos que nos entregamos por completo, pero no alcanza. Sabemos que no somos los mejores, pero en la mano tenemos flor, el truco ni nos hace falta. Nos damos cuenta que el esfuerzo que hacemos para llevar a cabo la copita es importante y que si no estuviésemos faltaría algo, pero insistimos en remarcar que no es imprescindible. La historia comprueba que los pueblos subsistieron y lo seguirán haciendo sin la ayuda del Estado opresor que debiera brindarle los derechos y garantías que todos conocemos pero nadie (o pocos) se atreven a reclamar.
Permiso decimos al entrar y el permiso nos lo otorga Vanesa, dueña y señora de la casa por la que lucho y que sus propios brazos construyeron. La respetamos intensamente por esta y muchas otras batallas que gano y perdió, pero que a diferencia de otros, las dio. Y eso no se lo puede negar nadie.
Hay leche caliente, demasiado, se quejan algunos de los chicos. Hay facturas, las justas para que alcance para todos. Hay risas, estruendosas y contagiosas algunas, como la de Vane. Hay un clima nubloso, medio nervioso y molesto que no es acorde con el que vivimos internamente dentro de la Copa. Y también hay una huertita en el fondo del patio bastante maltratada por los perros y a punto de desaparecer por las mini inundaciones que sufrió. Hacia allá vamos para tratar de cercarla con palos y una mediasombra, para que nuevamente crezca desde el pie como el color de las flores, como los mejores amores, como el futuro de un pueblo, como bien lo expresa en su canto Zitarrosa.
Nos marchamos con promesas de riego diario y cuidado más agudo para esas plantitas que intentan iniciarse en la difícil tarea de existir.
¿El sabado que viene hay copa? pregunta dani. El sábado no, la hacemos el domingo; le respondo y siento que ya soy parte de sus representaciones internas, como suele decir seguido un compañero.



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