miércoles, 14 de octubre de 2009

MÁS QUE UN SIMPLE GRITO DE GOL

Tras largos años de silencio y de negocios para pocos, el país que más medios de comunicación concentra en pocas manos tiene ahora una nueva ley de servicios audiovisuales.

“La mentira tiene patas cortas” dice el viejo y conocido refrán popular. Tal vez, no se exprese directamente bajo esta coyuntura pero sin dudas que este viernes 9 de octubre el pueblo que se congregó en la plaza fue el artesano que tras 26 años de lucha diseñó la guadaña que le cortó las piernas al monstruo mediático concentrado.

La pelea recién empieza, ahora cuando los que sentimos a esta ley como propia tenemos que defenderla. El poder económico no se va a conformar con perder tan fácil, su mensaje está pensado y destinado a sensibilizar, confundir, desinformar, crear oposición a una de las medidas políticas que pocas veces en la historia adoptó mayor consenso social y aceptación en la Argentina.

Ley que forma parte de 5 años de trabajo militante por parte de un sinnúmero de organizaciones, sindicatos, periodistas, personalidades de la música, el arte, la cultura, organizaciones internacionales, etc. Lejos de ser una ley K, lo que este viernes se votó en el senado es la voluntad y la construcción del pueblo argentino, pueblo que a lo largo de su historia demostró y demuestra que cada vez que la circunstancias lo requieren unido, puede sintetizarse en un mismo grito de lucha.

Uno debe reconocer que al caminar por una de las avenidas que desembocan en Plaza de los Dos Congreso sentía como un cosquilleo que brotaba lentamente. El llegar a las 5 de la tarde representaba el sentirse parte de algo superior, único e inimaginable. Se veían caras emocionadas y con un pequeño signo de interrogación en la frente, seguía fresco el NO a la 125 y las últimas palabras de un vicepresidente “traicionero” que siguió traicionando.

Banderas de todo tipo, color o insignia se mezclaban en un horizonte multitudinario, más de 40.000 personas formaban parte de esta vigilia. Desde diferentes arterias que desembocan en la plaza diversas organizaciones políticas, gremiales y sociales se sumaban a la iniciativa planteada por “La Coalición por una Radiodifusión de la Democracia”. Se trataba de demostrar que el campo popular se encontraba unido, que por fin había podido unificar su pensar y actuar detrás de una lucha que llevaba más de 26 años.

A medida que llegaba la noche los oradores se dirigían a un público bullicioso pero feliz. Cada uno sintetizaba mediante su palabra la lucha de miles de compañeros y compañeras anónimos que soñaron y lucharon para que este día llegue. Se escuchaba y sentía la tranquilidad de Estela Carlotto que se mezclaba con la fuerza y la potencia del discurso de Eve de Bonafini. Milagros Salas decía presente, representando con su voz a millones, Crónica TV se hacía presente mediante aquellos que tienen el deber de dejar sentado en el papel el trabajo de una noche editorial y que luchan por mejores condiciones de trabajo. Rodolfo Walsh desde algún lugar lejano volvía a la vida y se unía a esta fiesta democrática.

A su vez las trompetas y los bombos murgueros no paraban de sonar y soñar demostrando su alegría. En el balcón armado para la ocasión se podía escuchar folckore, reggae, reguetón, candombe, salsa, música afro, cumbia, rock nacional. Pluralidad de voces que expresaban en cantar de cada rincón argentino y la rica herencia musical latinoamericana. Pluralidad de voces negadas por los 4 multimedios que controlan más del 80% de la información y los contenidos que se producen en nuestro país.

La noche seguía su curso y uno se impacientaba. “Que se vota a las 10”, “que se vota a las 2”, “que todavía tienen que hablar 5 senadores”, “la verdad que no sé, yo tenía entendido que faltaban tres”, “que caradura esa Chiche, solo dice barbaridades”, “escuchaste a la senadora tucumana que defendió su No a la lay haciendo alusión al campo”, “la votación general ya está ganada, el lío esta en lo particular”, “y eso como sería”. “Escuchaste al Lole, ese si es tránsfuga”, “pa' mi esta gente ni leyó la Ley”, “que la van a leer si ni siquiera les interesa, les importa cuanta plata deposita Clarin en su cuenta bancaria”, “Morales y Saez presentaron un contra proyecto”, “temprano se acordaron estos muchachos, hasta en las discusiones llegan tarde”. “Bajen las banderas que no se ve”, “pibe baja la bandera que las cámaras no pueden tomar el palco”, “el Senador Saez miente”, “escuchemos al Senador Picheto”. Y el silencio se hizo presente por primera vez en la noche. Al finalizar el discurso el aplauso de miles.

“Compañeros y compañeras, si se aprueba la Ley todos festejamos cantando el Himno Nacional” se escuchaba decir desde el escenario.

Nuevamente el silencio ensordecedor. La expectativa y ese número 42 que aparese en pantalla. Explosión de gritos, algarabía de abrazos, llantos de felicidad. Fue como descargar un grito de gol que llevaba 26 años atragantado. Grito que se multiplicaba por millones que gritaban aún sin saberlo. Rostros felices que miraban al cielo para festejar con aquellos que ya no están pero que siempre estuvieron.

Se escucha las primeras melodías de nuestro himno nacional. Cuarenta mil almas despertaban a toda Argentina al entonar nuestro grito de libertad y esas ganas de morir por la gloria de nuestra patria.

Luego más abrazos, abrazos verdaderos y no muecas complises. “Ahora a sintonizar nuevamente la radio para ver cómo sigue la votación en lo particular, en teoría se aprueba todo…Por ahora estamos en el artículo 40, faltan 110, pero vamos bien”, “compañeros…se aprobó la ley en lo particular” y más muecas de alegría se dibujaban en los rostros cansados pero felices.

Una nueva jornada de lucha llega a su fin, pariendo nuevas luchas. La de hacer valer nuestra Ley de Medios de Comunicación Audiovisual para que la misma se cumpla y no sea una más. Ley que es puntapié para poder profundizar cambios estructurales, matrices económicas y políticas que lastiman al pueblo y benefician a unos pocos. Ley que permitirá que nuevos actores sociales puedan disputar el sentido de la palabra, ley que permitirá nuevas voces, más fuentes de trabajo, mayor democracia, pluralidad en la palabra.

La verdad que este 10 de octubre de 2009 no será un día más. Los argentinos nuevamente recordamos que si nos organizamos, nos encontramos y soñamos colectivamente podemos transformar la realidad para que de una vez por todas podamos tener el País que nos merecemos y que ladrones de guantes blancos nos fueron robando con el tiempo.

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