miércoles, 21 de octubre de 2009

PROTEGER LO QUE CRECE, COMPRENDIENDO LO QUE SOMOS

"Es honra de los hombres proteger lo que crece,

cuidar que no haya infancia dispersa por las calles,

evitar que naufrague su corazón de barco,

su increíble aventura de pan y chocolate,

transitar sus países de bandidos y tesoros

poniéndole una estrella en el sitio del hambre,

de otro modo es inútil ensayar en la tierra

la alegría y el canto,

de otro modo es absurdo

porque de nada vale si hay un niño en la calle."*


Este domingo fue un día especial, los barrios Barranquitas y Villa Sur Oeste fueron lugares de trabajo para la CTA Castellanos. Divididos en brigadas de trabajo cumplimos con las actividades en ambos lados. Los pibes comieron, jugaron, rieron.

Este domingo fue un día especial, fue el Día de la Madre y nuestro trabajo exigió el esfuerzo de muchos.

El presente nos exige una larga y dura batalla contra la inmovilidad que cobra diferentes formas y a favor de los sueños de un país mejor.

Para ello, es necesario una comprensión del mundo un poco diferente, que implica desviar la mirada y salirse del cause del río que lleva al individualismo del éxito banal y elitista y sumarse al otro, al de las mayorías que luchan por un proyecto colectivo, de justicia, de redistribución.

La pelea es junto al otro y con uno mismo, es sumar a la mochila de la vida la hermosa responsabilidad de construir un mañana. Como algunos dirán, el cambio parte de uno, es cierto, pero no se agota en el individuo.

Es casi una ingenuidad pensar que si cada uno cambia el mundo mejora, porque la espera es eterna y nos lleva a conformar nuestro alma mientras esperamos que los demás sean como nosotros. El cambio es colectivo, con otros, mediante la organización. El cambio es político.

El maltrato que como generación sufrimos es tal, que hasta las herramientas más simples son malas palabras, entre ellas la política.

Una mirada diferente amerita reflexionar acerca de varios interrogantes como ¿quiénes somos? ¿Qué hacemos en esta vida? ¿Cuál es nuestra función? Y la respuesta debe buscarse en lo profundo, lejos de la cáscara de plástico que nos envuelve.

Quienes nos encontramos en éste ambiente consumista y funcional soñamos con un futuro similar: casa, auto, educación, hijos, salud, trabajo y dinero que sea capaz de satisfacer las necesidades, desde las básicas hasta las que se nos imponen socialmente.

“Zafar” es nuestro objetivo, muchas veces no nos importan los demás y llegamos a ciertas afirmaciones como que “los pobres lo son porque lo quieren”. El objetivo de nuestras vidas se reduce sólo a garantizar el bienestar económico que me falta o que deseo mantener.

Hoy nuestra vida es una competencia mutua entre los miembros de la sociedad por lograr ciertos “privilegios”. Competencia que generalmente va cargada de prejuicios contra aquellos que no incluimos, porque nos sentimos superiores o simplemente consideramos que están detrás nuestro en la fila, llegando a la particularidad de que quienes tienen el deber de incluirlos deciden no hacerlo, como si fuera una conveniencia que existan personas que ni siquiera tienen la oportunidad de prepararse para competir.

El que no puede tener nada no es nadie, el progreso de un hombre hoy se mide soóo por la cantidad de bienes materiales que éste adquiere.

Los medios de comunicación “formadores de opinión” poco ayudan, nos bombardean cada vez más con hechos noticiosos, pero de la realidad sabemos cada vez menos. Pareciera que funcionaran como controladores de un orden que desde siempre estuvo desordenado.

No se trata de ir en contra del viento como rebeldes sin causa, se trata de comprender quiénes somos, cómo nos acostumbramos a vivir ante lo anormal. Si reflexionamos, vamos a entender un poco mejor la pobreza, la inseguridad, la educación, la salud, el rol del Estado, las instituciones, la injusticia, el hambre, la exclusión y entonces si, veremos la necesidad de hacer algo para que esta realidad sea un poquito menos injusta, veremos que solos no hacemos nada, que la voluntad sola no sirve, que a veces exige renuncias y que la política necesariamente deberá dejar de ser una mala palabra.


* Fragmento del poema "Hay un niño en la calle" de Armando Tejada Gómez.

0 comentarios :

Publicar un comentario