Hay quienes dicen que el hombre es un ser amargado por naturaleza. Que ríe solo en ocasiones risueñas y que el resto del día pone cara de preocupado. Como seres habitualmente estamos “caraculicos”, llenos de problemas que vamos creando, siempre encontramos o fabricamos situaciones que complican nuestro existir, que limitan nuestra sensibilidad, que nos hacen seres no humanos. Situaciones que muestran nuestras miserias y que no nos permiten ser felices plenamente.Es domingo y bien temprano nos encontramos en Nuestra Casa. Repasamos las actividades planificadas, los materiales a utilizar, vemos de tener la comida y nos vamos acomodando para salir hacia Villa Sur Oeste. Mientras un grupo parte en bicicleta, el resto espera el colectivo urbano para llegar hasta el cementerio y después completar el recorrido, de más de tres kilómetros, caminando hasta la copa. Recorrido que en innumerables ocasiones los compañeros de la Villa tienen que realizar. En la espera llega el compañero Geri, que con el auto de la familia Boetto acerca al grupo hasta el Barrio.
Al llegar ponemos en marcha lo planificado en la semana. Nos dividimos en dos, uno de los grupos se encarga de preparar la comida, hoy no hay guiso, el calor nos convence de preparar una ensalada primavera. El otro grupo sale a recorrer el barrio, conversar con los vecinos y los vecinitos, que se suman al recorrido a medida que los “cumpas” recorren la villa.
En la cocina, primero se hierven el arroz y las lentejas. Luego siguen las papas y zanahorias que fueron cortadas en pequeños cubitos. Por último se abren las latas de arvejas y se deja enfriar todo en una de las ollas. Posteriormente llega el turno de amasar tortasfritas. Cesar, compañero del barrio, toma la posta y prepara la masa que luego será cocinada.
Por su parte, en el recorrido por la Villa, “los cumpas” charlan con los cumpas del barrio. Al recorrer cada “rancho” se encuentran con la amabilidad de los vecinos. Amabilidad que dibuja una sonrisa, muestra de alegría, en nuestras caras. Al llegar a la casa de “cheli”, este propone jugar a las bochas durante la mañana. Armamos los equipos, nos mezclamos grandes y chicos, y empezamos a competir sanamente. Las cargadas sanas sobrevuelan el ambiente.
Luego de varias manos, el sol empieza a calentar de más el cuerpo y obliga a quienes están jugando a retirarse hacia la sombra del rancho de la copa. Cada uno toma asiento y empezamos a conversar mientras esperamos que la comida esta lista, solo resta que se terminen de cocinar unas pocas tortas y condimentar la primavera.
Llega el medio día, nos sentamos y compartimos el plato de comida. Los chicos reparten las tortas y sirven jugo de granadina.
Al terminar, Sergio se encarga de juntar los platos, cubiertos y vasos los cuales serán lavados por su hermano Iván, con la ayuda de Mati y Jose.
Con las panzas llenas nos reunimos nuevamente en el salón de la copita. Nuevamente conversamos con los chicos hasta que Leo tiene una supuesta visión y nos preparamos para hacer una especie de juego.
El compañero explica el porqué del calor y dice que existe una manera para que se largue a llover. Dice que existe una especie de guerra entre dos tribus y que la tribu que gané será la encargada de devolver la lluvia a los cielos. Él representa al jefe de una de esas tribus y Mati es el cacique de la otra. Cada uno elijé a cinco guerreros los cuales tendrán que luchar, uno contra uno.
El arma seleccionada es la voz y la facultad de cada guerrero de gritar los más fuerte posible una simple combinación de letras que van desde: acha, acha…hasta uchu, uchu. El ritual termina cuando Nico, el chileno y Brian, segundos guerreros a enfrentarse, gritan fuertemente “eche, eche…” y reciben un balde de agua que los moja por completo. A partir de ese momento ocurre lo imaginable, grandes y chicos empezamos a jugar y divertirnos con agua que sacamos de la bomba.
Todos y cada uno, grandes y chicos terminamos empapados. El compartir estos momentos nos humaniza, nos permite dejar de lado esa cara de “caraculicos” con la que muchas veces durante el día estamos. A medida que pasaba el tiempo siempre encontrábamos una excusa para seguir divirtiéndonos. Si no era que se le escaba el contenido de un vaso a un compañero, el cual caía inevitablemente en la cara de otro; llegaban otros cumpas que al estar completamente secos en solo un instante terminaban completamente empapados.
Terminado el juego un grupo, que ya se ha convertido en bochofilo, se va hacia la calle a jugar unas manos. El resto se queda en el “rancho” preparando la merienda.
A
l terminar, luego de lavar los vasos, los chicos salen a recorrer el barrio mientras que los grandes nos quedamos organizando lo que será una de las actividades que deberemos seguir planificando durante la semana; el terminar de refaccionar el salón de nuestra compita. Por esa razón medimos las chapas, planificamos lo que será el espacio de la nueva cocina y medimos la bolsa de silo donada por Don Hoyos la cual cubrirá el techo del salón. A su vez escuchamos a Ignacio, compañerito de la Villa, que tira algunas ideas para poder hacer el piso de la copa con granza picada una vez que éste este nivelado con tierra.
Llegando el día a su final, mudamos los elementos que utilizamos para cocinar al racho que Cesar -quien nos había dado parte del su racho para que dejemos estos materiales- nos había preparado desde hace varias semana. Este representa un momento histórico comenta Nico y el resto recuerda el primer ranchito que construimos en la villa y en un abrir y cerrar los ojos observamos todo el trabajo realizado durante estos dos años de lucha compartida que fuimos emprendiendo con los vecinos y vecinas y a su vez sueña con nuevas luchas que entre todos emprenderemos.
Como expresa Mario Benedetti en su poema “Defensa de la alegría”; “…defender la alegría como un derecho defenderla de dios y del invierno de las mayúsculas y de la muerte de los apellidos y las lagrimas del azar y también de las alegrías”. Eso hemos hecho este domingo defender la alegría que nos causa el transformar la realidad para que la misma sea más justa y defenderla a pesar de las alegrías pasajeras que a veces nos desvían del camino y que nos hacen ir “caraculicos” por la vida.



Al llegar ponemos en marcha lo planificado en la semana. Nos dividimos en dos, uno de los grupos se encarga de preparar la comida, hoy no hay guiso, el calor nos convence de preparar una ensalada primavera. El otro grupo sale a recorrer el barrio, conversar con los vecinos y los vecinitos, que se suman al recorrido a medida que los “cumpas” recorren la villa.
En la cocina, primero se hierven el arroz y las lentejas. Luego siguen las papas y zanahorias que fueron cortadas en pequeños cubitos. Por último se abren las latas de arvejas y se deja enfriar todo en una de las ollas. Posteriormente llega el turno de amasar tortasfritas. Cesar, compañero del barrio, toma la posta y prepara la masa que luego será cocinada.Por su parte, en el recorrido por la Villa, “los cumpas” charlan con los cumpas del barrio. Al recorrer cada “rancho” se encuentran con la amabilidad de los vecinos. Amabilidad que dibuja una sonrisa, muestra de alegría, en nuestras caras. Al llegar a la casa de “cheli”, este propone jugar a las bochas durante la mañana. Armamos los equipos, nos mezclamos grandes y chicos, y empezamos a competir sanamente. Las cargadas sanas sobrevuelan el ambiente.
Luego de varias manos, el sol empieza a calentar de más el cuerpo y obliga a quienes están jugando a retirarse hacia la sombra del rancho de la copa. Cada uno toma asiento y empezamos a conversar mientras esperamos que la comida esta lista, solo resta que se terminen de cocinar unas pocas tortas y condimentar la primavera.
Llega el medio día, nos sentamos y compartimos el plato de comida. Los chicos reparten las tortas y sirven jugo de granadina.Al terminar, Sergio se encarga de juntar los platos, cubiertos y vasos los cuales serán lavados por su hermano Iván, con la ayuda de Mati y Jose.
Con las panzas llenas nos reunimos nuevamente en el salón de la copita. Nuevamente conversamos con los chicos hasta que Leo tiene una supuesta visión y nos preparamos para hacer una especie de juego.
El compañero explica el porqué del calor y dice que existe una manera para que se largue a llover. Dice que existe una especie de guerra entre dos tribus y que la tribu que gané será la encargada de devolver la lluvia a los cielos. Él representa al jefe de una de esas tribus y Mati es el cacique de la otra. Cada uno elijé a cinco guerreros los cuales tendrán que luchar, uno contra uno.
El arma seleccionada es la voz y la facultad de cada guerrero de gritar los más fuerte posible una simple combinación de letras que van desde: acha, acha…hasta uchu, uchu. El ritual termina cuando Nico, el chileno y Brian, segundos guerreros a enfrentarse, gritan fuertemente “eche, eche…” y reciben un balde de agua que los moja por completo. A partir de ese momento ocurre lo imaginable, grandes y chicos empezamos a jugar y divertirnos con agua que sacamos de la bomba.Todos y cada uno, grandes y chicos terminamos empapados. El compartir estos momentos nos humaniza, nos permite dejar de lado esa cara de “caraculicos” con la que muchas veces durante el día estamos. A medida que pasaba el tiempo siempre encontrábamos una excusa para seguir divirtiéndonos. Si no era que se le escaba el contenido de un vaso a un compañero, el cual caía inevitablemente en la cara de otro; llegaban otros cumpas que al estar completamente secos en solo un instante terminaban completamente empapados.
Terminado el juego un grupo, que ya se ha convertido en bochofilo, se va hacia la calle a jugar unas manos. El resto se queda en el “rancho” preparando la merienda.
A
l terminar, luego de lavar los vasos, los chicos salen a recorrer el barrio mientras que los grandes nos quedamos organizando lo que será una de las actividades que deberemos seguir planificando durante la semana; el terminar de refaccionar el salón de nuestra compita. Por esa razón medimos las chapas, planificamos lo que será el espacio de la nueva cocina y medimos la bolsa de silo donada por Don Hoyos la cual cubrirá el techo del salón. A su vez escuchamos a Ignacio, compañerito de la Villa, que tira algunas ideas para poder hacer el piso de la copa con granza picada una vez que éste este nivelado con tierra.
Llegando el día a su final, mudamos los elementos que utilizamos para cocinar al racho que Cesar -quien nos había dado parte del su racho para que dejemos estos materiales- nos había preparado desde hace varias semana. Este representa un momento histórico comenta Nico y el resto recuerda el primer ranchito que construimos en la villa y en un abrir y cerrar los ojos observamos todo el trabajo realizado durante estos dos años de lucha compartida que fuimos emprendiendo con los vecinos y vecinas y a su vez sueña con nuevas luchas que entre todos emprenderemos.Como expresa Mario Benedetti en su poema “Defensa de la alegría”; “…defender la alegría como un derecho defenderla de dios y del invierno de las mayúsculas y de la muerte de los apellidos y las lagrimas del azar y también de las alegrías”. Eso hemos hecho este domingo defender la alegría que nos causa el transformar la realidad para que la misma sea más justa y defenderla a pesar de las alegrías pasajeras que a veces nos desvían del camino y que nos hacen ir “caraculicos” por la vida.






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