lunes, 30 de noviembre de 2009

COMPARTIENDO HISTORIAS, NACEN NUEVAS LUCHAS…

Durante la tarde del sábado 26 tuvimos el agrado de recibir nuevamente, en nuestra Casa de la CTA, al admirable escritor rafaelino Ángel Balzarino. Este hombre, además de crear hermosas obras literarias, es para nosotros un gran compañero, por su gran humildad, y porque compartimos, con él, mismos sueños, proyectos y esperanzas.
Poder conocer la experiencia de tan entrañable literato y descubrir aquellos rincones secretos que están detrás de la creación de sus obras, era uno de los motivos del encuentro.
Luego de saludarnos con la sencilla sonrisa que lo caracteriza, lo primero que Ángel propuso fue comenzar leyendo uno de sus cuentos, lo cual pareció al colectivo una excelente idea. Nos dispusimos, entonces, a quitar de la sala todos aquellos elementos que estaban de más, nos sentamos en el suelo formando un semicírculo que rodeaba al artista, logrando así un clima calido y relajado que nos permitiera estar realmente cómodos para comenzar a escuchar.
El cuento elegido fue “Centro de ayuda al suicida”. Esta breve historia nos deleito a todos con su humor corrosivo y conquistó las sonrisas de quienes estábamos allí presentes. La alegría y carisma, que Ángel le imprimió a la lectura, hicieron el momento más hermoso aún. Al finalizar la lectura entre mates y risas, comenzó un enriquecido dialogo.
Preguntas relacionadas con el misterio de la obra de arte, las condiciones que deben darse para comenzar a escribir, como es el proceso de creación, que pasa cuando la ficción ridiculiza la realidad, el producto final como el resultado de un arduo trabajo previo de la historia, entre otras cuestiones.
Luego de un rato de charla, Ángel ofreció leer otro de sus cuentos: “Concierto para violín y orquesta Op 61”. Este último no solo nos hizo reír, sino que demostró que es posible desatar una gran historia de los simples hechos cotidianos, que a simple vista parecerían insignificantes. En este caso, de una simple tos, una gran orquesta comenzó a sonar…
Uno de los puntos a destacar del encuentro, es que no solo intercambiamos palabras, preguntas y respuestas, anécdotas, risas y mates, sino que pudimos charlar sobre muchas cosas más… Discutiendo y compartiendo esas alegrías y tristezas, descubrimos que existía una lucha más para abordar juntos…
Cuando el arte, los sueños y la política, pensada como herramienta de transformación, se unen en un espacio de encuentro de todos, es posible creer en un mundo distinto. Frente a tanta injusticia, la sorpresa de descubrir a lo largo de este camino, hombres y mujeres con ánimo de aportar su granito de arena, es esperanza; pero sobre todo es la demostración real de que no estamos solos. Prueba fehaciente de que esos hombres y mujeres que anhelan un mundo mejor están, y muchas veces, más cerca de lo que imaginamos. Pudimos comprender, una vez más, el verdadero motivo por el cual día a día elegimos estar acá, con errores y aciertos, pero convencidos de que es juntos y no separados que se construye un país mejor.

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