jueves, 12 de noviembre de 2009

GUITARRA Y MATE

Disfrutando de la sombra, sentados y recostados sobre algunos árboles caídos, en ronda, estábamos todos los participantes de la copa de leche “la Paloma en la Flor”, mujeres, hombres, madres, padres, niños y bebés. Estábamos muy atentos, disfrutando el canto del Torito. Él, con solo 10 años logró capturar la atención hasta de los más chicos. Es increíble como maneja la guitarra y como con su voz entona esos versos. Lo hace como lo han hecho siempre nuestros pueblos, con mucha pasión y sentimiento canta lo que su padre le ha enseñado.

A través de estos cantos se han transmitido los valores, las creencias, en definitiva las formas de enunciar, de pensar, de vivir el mundo, de generación en generación. Es sabia la forman que han elegido para transferir sus saberes: la música. En ella se representa muchísimas costumbres características, como por ejemplo la oralidad y la alegría esperanzadora que esta genera. Y por lo general todo esto está acompañado por la guitarra, esa compañera fiel de nuestros paisanos, esa compañera que cuando comienza a sonar llena de alegría el lugar y un aura especial lo envuelve todo.

Así fue como estábamos el domingo, como dentro de esa aura que la música había logrado construir. Así fue como pudimos juntar hombres y mujeres de diferentes barrios de la ciudad, de diferentes edades, con diferentes realidades. Gracias a esta heterogeneidad entre guitarreada y guitarreada surgieron discusiones muy interesantes, intercambiamos costumbres, desde recetas de cocina hasta trabajos, historias de vida, recuerdos, anécdotas, chistes, experiencias concretas en organizaciones. Cada uno había participado alguna vez en su provincia, en la charla intentábamos reconstruir aquello, rescatando lo positivo que haya tenido, aprendiendo entre todos de las vivencias de los más grandes y animándonos a construir algo nuevo. Realmente fue una actividad muy buena, llena de momentos especiales, de sonrisas cómplices que empujan para volver a soñar y volver a creer que se puede transformar esta realidad.

De esta forma, llenos de esperanzas y con ganas de volvernos a juntar termino el domingo. Pero este encuentro había comenzado varios días antes. Quince días atrás en el taller de costura, entre la variedad de mujeres que éramos comenzamos a soñar un poco y se nos ocurrió realizar una mateada, las compañeras de la Villa propusieron que sea allá, cerca de la copa. Entonces comenzamos a organizar, las tortas, los equipos de mates, la música, la guitarra, todo debía estar presente.

Por ello el domingo por la mañana, bien temprano, cuando los vecinos disfrutaban de los mates mañaneros salimos a invitar a las familias a la actividad que realizaríamos por la tarde. Al finalizar la recorrida la comida estaba lista. Pusimos la mesa junto a los chicos y nos sentamos a almorzar. El próximo bebé del barrio, las novedades y los cuidados de esta madre fueron el tema elegido para la sobremesa. En eso la llegada de Enrique (el narigón), Raúl (el sapo) y el pajarito nos sorprendió a todos. Los chicos volvieron corriendo a la copa y allí entre padres e hijos disfrutamos de una divertida obra de títeres, era como si todos nos hubiéramos convertido en niños y las risas invadían el rancho. Como si todo se borrara por un instante, los problemas de salud, de familia, todo desaparecía y nos unía la fantasía de los muñecos.

Después de la exitosa función algunas mujeres lavaban los platos mientras otros comenzábamos a preparar la leche, a calentar el agua y a cortar las tortas para que este todo listo para la ya comentada “Mateada”.

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