Llega un nuevo sábado, un nuevo desafío. Como cada sábado y cada domingo. El compromiso asumido desde los albores de la organización era aprender a comprometernos, a compartir sueños, ideas, locuras con otros. A planificar, a seguir soñando, a ser humildes, a tantas cosas…Entre ellas también rondaban las posibilidades de ver concretamente aquello que mencionábamos entre palabras pero que en la realidad concreta, ay!.Comenzó un feliz verano de 2008, calor intenso, sueños agudos y deseosas ganas de aprender. Desde aquel momento, la palabra era compromiso y estar.
Compromiso de estar.
De estar con los compañeros en el barrio, de pasar las penas y las alegrías junto a ellos. Y si viene una navidad o un año nuevo también.
Para el compromiso necesitábamos sueños, que estaban y están, para estar necesitábamos organización. El anhelo de la organización es por cada gota de agua que pasa por debajo del río poder llegar a un horizonte de mejor organización.
Mejor organizados. Por eso planificamos y por eso el compromiso. Por eso, también, estamos.
Para estar este sábado nos juntamos en la casa de
El sábado, día de mañana cálida augurando el verano que llegó de adelantado. El tránsito lento de la ciudad que dejaba oír a los pájaros cantar, el sol que se asomaba tímidamente detrás de unas nubes amenazantes y un viento que apenas era brisa.
Luego de los mates y el arribo de Fede, los motores se encendieron y las bicis acompañaron hasta la “Estrella Azul”.
La llegada comprendió el saludo con los presentes, el acomodado de todas las piezas necesarias y la ida hasta “Los Angelitos” con los pibes a buscar las facturas. Todo esto, claro, sin molestar al talentoso y nuevo peluquero Oscar.Con el recuerdo de Jauretche siempre firme entendiendo que “nada grande se puede hacer con la tristeza” y apoyados en la idea de Mark Twain de que “la mejor manera de alegrarte es intentar alegrar a alguien”, tomamos el patio por asalto y compartimos diversos juegos, que en la semana pensó la comisión de organización barrial.
El primero de ellos fue la mancha pelota, en la que Mati se cansó de perder por lo que propuso que se continúe con un Quemado, que luego de desempatar a su favor, festejo incluido, pero que permitió escuchar un grito desde dentro de la cocina invitando a tomar la copa de leche y las facturas. El grito era de la compañera Vanesa que había preparado la comida, como cada sábado lo hace. Vestida de calza celeste, remera negra y tintura amarilla (que varía según sus raíces coloradas), cada sábado nos abre la puerta de su casa solidariamente para que fluya la alegría y se alimente la esperanza de un mañana verde y con sol radiante para todos.Más tarde la calle iba a ser tomada por un largo rato y una serie de juegos en donde la soga se desempeñó como la principal atracción.
Después de que se votara en asamblea el trabajo de huerta, Mati organizó los equipos de trabajo y pusieron manos a la obra. Algunos estaban con palas, otros con hilos, otros con estacas, otros esperando y coordinando. Algunos esperando su turno volvieron a los juegos: la soga y la temible doble soga. Algo de fútbol y después todos juntos a cuidar la huerta y conversar acerca de ella.Con chistes, cargadas, sonrisas y llenos de ilusiones nos despedimos de cada vecinito hasta el próximo sábado, aunque con algunos nos encontraremos entre semana, sabemos que el compromiso de seguir caminando el camino de la esperanza de iluminar un horizonte de igualdad para todos, lo vamos trazando juntos.



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