domingo, 27 de diciembre de 2009

HABLEMOS DE LA HUERTA

“la confianza va haciendo que los sujetos dialógicos
se vayan sintiendo cada vez más compañeros
en su pronunciación del mundo”*

La tierra del patio de Vane, en donde funciona nuestra copita, no era lo suficientemente buena como para hacer una huerta, por lo que en aquel entonces debimos juntar bolsas de desechos orgánicos que juntábamos en la casa de la CTA para que con eso hiciéramos abono y puedan nutrirse las plantas y puedan crecer con fuerza y color. Sucedió que al poco tiempo, un aguacero se llevó todas las semillas, por lo que tuvimos que nuevamente plantar.
A las semanas de sembrar nos encontramos con que uno de los perro de Vane había cavado hoyos en la huerta, por lo que se hizo un cerco con media sombra para que no pasen. Hoy nuestra huerta “planta-comidita”, es hogar de lechugas, achicorias, acelgas y rabanitos, que pibes y más grandes han ido reuniéndose entorno a esta “huertita” para pensar en cómo protegerla, como hacer para que se vea más linda, tal como lo hemos ido haciendo.
Es alrededor de este trabajo con la tierra, en el que intentamos ir descubriéndonos entre todos los compañeros (grandes y chicos). En lo que antes era una actividad, en la que era difícil que los pibes participaran, ha ido desarrollándose con tiempo, respeto y perseverancia un cierto grado de “apropiación” de la huerta y se puede lograr observar que ya están los primeros brotes de una especie de hábito sobre la huerta y su cuidado.
Hace un tiempo se está intentado sacar a las actividades de lo mero “recreativo”, para acercarlas a una experiencia más nuestra, elaborada por el conjunto y no solo para el conjunto, es decir acercarla hacia una Educación Popular. La potencialidad de la huerta como trabajo colectivo en los que se podrían ver el Sentir/Pensar/Hacer de los pibes involucrados en un trabajo comunitario y alegre, nos debe servir como eje para comenzar a pensar cómo construir esa instancia de dialogo y comunicación grupal en la que podamos conversar y escucharnos, discutir sobre el “laburo” colectivo de la huerta, la cual es la obra común en la que trabajamos, aprendemos y la que vamos conociendo.
Cada uno ah experimentado y observado que gran parte de los pibes conocen muchas veces mejor que nosotros las mañas de la tierra, lo que les da una seguridad de poder ejercer la palabra, dar nacimiento al dialogo y comenzar a compartir impresiones, vivencias, sueños, dudas y conocimientos. La creación de un espacio de estas características, se torna fundamental cuando recordamos la violencia, el hambre y la droga, que rodea a cada pibe. La necesidad concreta que tenemos entonces es de devolvernos y fortalecernos las esperanzas, e ir poniendo ideas, sentires y experiencias en común para crear ese “Mundo en Común” que nos contenga. Crear lazos de confianza que se forjan en el trabajo con la tierra, en el compartir la facturita y la leche, saltar la cuerda, reírnos y jugar, y desde donde tenemos que promover aquella instancia de dialogo con todos, donde se abren universos, espacio donde se proyectan posibilidades y oportunidades alternativas a las que nos ofrece el capitalismo.

*Freire, Paulo-Pedagogía del Oprimido

0 comentarios :

Publicar un comentario