martes, 26 de enero de 2010

HERRAMIENTAS DE LIBERACIÓN

Todo acto que realiza el ser humano puede, como mínimo, ser utilizado como herramienta generadora de liberación y emancipación por y para los hombres o como instrumento de opresión y miserias.
A lo largo de nuestra historia como pueblo los sectores dominantes han usado cada una de las dimensiones que confeccionan nuestro ser (políticas, religiosas, culturales, sociales, psicológica, etc…) para someter nuestros intereses a los suyos.
A su vez, como pueblo, hemos utilizado las mismas herramientas en busca de nuestra liberación definitiva. Siempre existe esa puja entre aquello que anhelamos ser, que podemos recrear y transformar y lo que nos obliga a estar siendo. Nuestras pobrezas y miserias tienen explicaciones terrenales, nada se da por simple azar. Dios, de existir, poco tiene que ver. Son los hombres los que destruyen aquello que construyeron y que la naturaleza les fue dando, y que condenan a millones a subsistir como se pueda.
Durante la semana veníamos discutiendo con los compañeros como hacer para que las actividades que realizamos cada sábado y domingo sean herramientas de liberación, que permitan que cada uno de los que participan de las mismas puedan expresarse, comunicarse, sentirse partes de algo superior. Superarse como personas, recrearse, perder sus miedos y creerse capaces de transformar.
Esto plantea todo un desafío. Nos han acostumbrado que toda lucha que se tiene que dar debe partir desde la tristeza, desde el dolor. El problema es que si se parte de ahí no existe forma de comenzar a dar lucha. El capitalismo aprovecha cada posibilidad para desmoralizar, para eso existen los Tinellis y su comedia mentirosa, la historia ficticia de Mitre, o la alegría pasajera de una buena borrachera. ¿Cómo luchar con alegría?
Es sábado y temprano nos encontramos en La Casa. Hoy nos acompaña Romi, compañera siempre presente en nuestra mente y corazón. A medida que atravesamos Barranquitas notamos que las calles se encuentran en silencio. El calor da sueño y la barriada prefiere seguir durmiendo.
Llegamos de Vane y mientras un par de cumpas preparan la leche, la mesa y los vasos, otros salen a buscar las facturas y los bizcochitos. Con los cumpitas visitamos la huerta, vemos como sigue creciendo y volvemos rápido al reparo de las chapas.
Tomamos la leche y conversamos, dialogamos, reímos, nos divertimos a nuestro modo, escuchando algo de cumbia y algún que otro cuarteto que sale disparado desde la radio.
Luego del desayuno limpiamos la mesa y vamos acomodando los cartelitos, realizados durante la semana, confeccionando un largo camino amarronado lleno de números y colores. Alguien cuenta las reglas del juego, “primero tenemos que ponernos de a parejas. Si les toca un numero verde…siguen tirando, si sale rojo hay que cumplir una prenda, pero si el número es par la prenda la cumplen los que tiraron. En cambio si es impar quienes tiraron tiene que elegir quienes cumplen la prenda.”
El juego comienza y a medida que avanza, chicos y grandes se van encontrando. Cada vez que toca un número rojo aparece la solidaridad y entre todos cumplimos las prendas. Los más chicos se llenan el pecho de alegría al ver que pueden decir sin miedo cuanto da una suma, contar de dos en dos o decir diez palabras que empiecen con la letra A. No se avergüenzan a la hora de hacer una pirueta o bailar una cumbia porque construyen felicidad con otros y por otros.
Terminado el juego, acomodamos los elementos usados, llega el mediodía y cada uno parte hacia su casa.
Hoy, como cada día, usamos alegría, sumas y restas, palabras y cantos, música y baile, risas, cargadas, etc...Usamos cada dimensión que nos compone para ser un poquito más libres. Nos reconocemos atravesados por el capitalismo, sabemos que nos limita, que amputa nuestros sueños, que muchas veces “la pifiamos” pero también vamos aprehendiendo las herencias que forjan nuestro anhelo de emancipación. Aprehendemos a luchar con alegría, a forjar humildes herramientas que estén al servicio de todos y no de unos pocos. Herramientas que confeccionamos y perfeccionamos con otros en el hacer cotidiano de transformar la realidad.

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