“Che, ¿qué podemos hacer para mejorar el barrio?”, esa frase la dijo un vecino de la villa, y quedo en nuestras cabezas el domingo pasado. Llegamos bien temprano para estar como cada domingo en la copa de leche, con los pibes y pibas del Villa Sur Oeste.Mientras llegábamos veíamos como en uno de los campos aledaños a las casas de los vecinos pasaba “un mosquito”, vehículo que se usa en el campo para esparcir el glifosato. Veneno, catalogado como agro tóxico, creado por la empresa Monsanto que permite la eliminación de la mal llamada maleza y de todo organismo que rodee el espacio por donde se fumiga, a excepción de la soja RR (Modificada Genéticamente), creada por la misma empresa, que puede resistir al Roundup (nombre empresarial del glifosato). Este paquete tecnológico es la base del sistema productivo que hoy por hoy domina y destruye poco a poco la agricultura y el ecosistema de nuestro país.
Un paquete tecnológico que genera cientos de desempleados en el campo argentino, destruyendo a su vez el medioambiente, además de ser un químico cancerigeno, que queda almacenado en la semilla, pero que no obstante les da grandes ganancias a los grandes productores sojeros. Sectores que durante el 2008 salieron a reclamar que el estado no intervenga. Es decir salieron a defender un modelo en donde un pequeño número de dueños de tierras acumula riquezas, a costa de la exclusión y el envenenamiento de enormes cantidades de argentinos y de la destrucción del medioambiente, es decir de la casa común.
Esta etapa destructiva del sistema demuestra la senilidad del capitalismo salvaje y destructivo como lo afirma Samir Amin. Una senilidad que no significa el inicio del final del capitalismo, si no que se concretiza en una renovada violencia con la cual el sistema trata de resistir en el tiempo. Violencia es lo que vimos el domingo cuando llegábamos a la villa.
Violencia de un modelo que excluye a amplios sectores y no solo que los excluye sino que los envenena sin ningún tipo de preocupación. Ante la pasividad de la mayoría de la ciudadanía que se enoja y no comparte este accionar pero que en la práctica no hace absolutamente nada.
En ese contexto ¿qué hacer?, ¿cómo organizarnos mejor?, ¿cómo combatir a este capitalismo senil? Con todas estas preguntas llegábamos al barrio y empezábamos a cocinar y a salir a recorrer la calle para buscar a los pibes y conversar con los vecinos sobre cuestiones simples pero también importantes, como por ejemplo, como generar trabajo en un momento del año en que a los compañeros del barrio se le hace muy complicado llegar a tener un plato de comida.
Así fue llegando el mediodía, momento en el que compartimos la comida con los compañeritos del barrio. Una vez finalizado el almuerzo algunos compañeros se fueron a realizar las actividades planificadas en la semana con los pibes. Actividades que tienen que ver con la recreación y el apoyo escolar. Mientras que otros nos quedábamos conversando con los vecinos más grandes, que se fueron acercando a la copa.
En ese poner en común, que es la comunicación verdadera, surgió esa pregunta con la que inicie la crónica; “¿qué podemos hacer para mejorar el barrio?”, y en torno a esa preguntas comenzamos a charlar de la importancia de generar procesos organizativos, en donde se puedan hacer diagnósticos colectivos de la realidad. Diagnósticos que son instancias que nos permiten definir conjuntamente cuales son las problemáticas más importantes del barrio y cómo solucionarlas.
Mientras conversábamos sobre esas problemáticas y como solucionarlas, uno reflexionaba interiormente sobre todo lo que había ocurrido al inicio del día en relación a la fumigación a escasos metros de casas donde viven compañeros en condiciones de extrema precariedad, sin ninguna sensibilidad en relación a lo que le pueda pasar al otro. Lo cual a su vez está relacionado con la etapa actual del capitalismo y su barbarie, y confirmaba la idea de que la única alternativa, para construir un mundo más justo, es la de poder generar organización de base en los diferentes sectores sociales, y entre todos poder generar una verdadera alternativa a este capitalismo senil.
Esta senilidad del sistema nos impone a los militantes sociales una prueba de radicalidad aun mayor. Por ello es necesaria una renovación radical de las maneras de vincularnos y comprender la realidad, que tenga en cuenta el alcance de las transformaciones actuales, para así poder avanzar en procesos de transformación de la realidad junto a los otros.
Así, poco a poco, se fue yendo el día. Los vecinos se empezaron a ir para sus casas y nosotros a las nuestras, con una idea que hace mucho tenemos en nuestra cabeza que es como generar más organización.
Un paquete tecnológico que genera cientos de desempleados en el campo argentino, destruyendo a su vez el medioambiente, además de ser un químico cancerigeno, que queda almacenado en la semilla, pero que no obstante les da grandes ganancias a los grandes productores sojeros. Sectores que durante el 2008 salieron a reclamar que el estado no intervenga. Es decir salieron a defender un modelo en donde un pequeño número de dueños de tierras acumula riquezas, a costa de la exclusión y el envenenamiento de enormes cantidades de argentinos y de la destrucción del medioambiente, es decir de la casa común.
Esta etapa destructiva del sistema demuestra la senilidad del capitalismo salvaje y destructivo como lo afirma Samir Amin. Una senilidad que no significa el inicio del final del capitalismo, si no que se concretiza en una renovada violencia con la cual el sistema trata de resistir en el tiempo. Violencia es lo que vimos el domingo cuando llegábamos a la villa.Violencia de un modelo que excluye a amplios sectores y no solo que los excluye sino que los envenena sin ningún tipo de preocupación. Ante la pasividad de la mayoría de la ciudadanía que se enoja y no comparte este accionar pero que en la práctica no hace absolutamente nada.
En ese contexto ¿qué hacer?, ¿cómo organizarnos mejor?, ¿cómo combatir a este capitalismo senil? Con todas estas preguntas llegábamos al barrio y empezábamos a cocinar y a salir a recorrer la calle para buscar a los pibes y conversar con los vecinos sobre cuestiones simples pero también importantes, como por ejemplo, como generar trabajo en un momento del año en que a los compañeros del barrio se le hace muy complicado llegar a tener un plato de comida.
Así fue llegando el mediodía, momento en el que compartimos la comida con los compañeritos del barrio. Una vez finalizado el almuerzo algunos compañeros se fueron a realizar las actividades planificadas en la semana con los pibes. Actividades que tienen que ver con la recreación y el apoyo escolar. Mientras que otros nos quedábamos conversando con los vecinos más grandes, que se fueron acercando a la copa.En ese poner en común, que es la comunicación verdadera, surgió esa pregunta con la que inicie la crónica; “¿qué podemos hacer para mejorar el barrio?”, y en torno a esa preguntas comenzamos a charlar de la importancia de generar procesos organizativos, en donde se puedan hacer diagnósticos colectivos de la realidad. Diagnósticos que son instancias que nos permiten definir conjuntamente cuales son las problemáticas más importantes del barrio y cómo solucionarlas.
Mientras conversábamos sobre esas problemáticas y como solucionarlas, uno reflexionaba interiormente sobre todo lo que había ocurrido al inicio del día en relación a la fumigación a escasos metros de casas donde viven compañeros en condiciones de extrema precariedad, sin ninguna sensibilidad en relación a lo que le pueda pasar al otro. Lo cual a su vez está relacionado con la etapa actual del capitalismo y su barbarie, y confirmaba la idea de que la única alternativa, para construir un mundo más justo, es la de poder generar organización de base en los diferentes sectores sociales, y entre todos poder generar una verdadera alternativa a este capitalismo senil.Esta senilidad del sistema nos impone a los militantes sociales una prueba de radicalidad aun mayor. Por ello es necesaria una renovación radical de las maneras de vincularnos y comprender la realidad, que tenga en cuenta el alcance de las transformaciones actuales, para así poder avanzar en procesos de transformación de la realidad junto a los otros.
Así, poco a poco, se fue yendo el día. Los vecinos se empezaron a ir para sus casas y nosotros a las nuestras, con una idea que hace mucho tenemos en nuestra cabeza que es como generar más organización.



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