lunes, 18 de enero de 2010

UNA SIMPLE SONRISA

El cambio climático y las atrocidades cometidas por el hombre, que destruye todo lo que encuentra a su paso, condicionan nuestro “estar siendo” en el mundo. La naturaleza demuestra que es incontrolable, lentamente expresa que sabe cómo defenderse, manifiesta que no se puede jugar con ella y domarla a nuestro antojo.
En estos días vemos desolados y espantados las ruinas de Haití, como sufre ese pueblo Centroamericano, padre de las gestas revolucionarias en nuestra América y que en la actualidad refleja lo cruel y despiadado que es Sistema Capitalista, en su feseta imperialista.
En nuestras pampas la naturaleza también demuestra su ingobernabilidad. En San Antonio de Areco, un pequeño grupo de terratenientes adinerados creyó controlar la fuerza de las aguas mediante la construcción de canales clandestinos y dejo a una cuidad inundada y a miles sin nada.
El monocultivo de soja, su rédito exorbitante y el mal uso del suelo, provocan acciones inexplicables, que se explican en las ganancias obtenidas, en seres que supuestamente aman la tierra. El veneno de los agros tóxicos destruye todo lo que se encuentra a su paso. Produce malformaciones y enfermedades cancerígenas en los seres humanos, y destruye el material orgánico que en la actualidad permite rentas extraordinarias pero que por su mal uso en uno años se acabara.
La utilización de la siembra directa y la no rotación de los cultivos solidifican la tierra, el agua al caer no drena y tenemos ciudades y pueblos que por unos instantes quedan cubiertos de agua. Por suerte el cielo no se enojo del todo en lo que era la cuenca lechera y ahora se transformo en un mar verde.
A su vez el sol parece golpear más fuerte cada día. Al llegar el medio día es mejor buscar reparo, hacer el menor gasto de energía posible y resguardar el cuerpo para que el mismo no termine calcinado.
Las mañanas son interminables. El viento suele ser un tenue refresco al igual que la lluvia. Es sábado y estamos todos bajo el alero. En la semana se han planificado juegos de mesa para desarrollar en la copita de leche Estrella Azul. El dado ruega y cada uno de los participantes avanza casilleros. Si toca un casillero verde se sigue tirando, de tocar rojo tenemos que cumplir una prenda. Todos juegan, se divierten, ríen y cuando les toca alguna prenda protestan pero terminan cumpliéndola sin chistar y nuevamente reímos y nos divertimos.
Minutos antes, al llegar a la copa, un grupito intento ir hacia la huerta para trabajar la tierra pero el calor los ahuyento. Solo vimos como sigue creciendo lo plantado, como brotan nuevas plantas y las secuelas de la primera cosecha de rabanitos y acelga que han dejado dos canteros libres para volver a sembrar.
Mientras jugamos se escucha el tan esperado, “la leche esta lista”. Llegan las facturas y el pan dulce. Mientras conversamos las pancitas se van llenando en una mañana calurosa.
Luego nuevamente retomamos el juego. Las prendas siguen presentes; “contar de dos en dos hasta llegar a 20”, “hacer tres vueltas carneras para delante, y dos para atrás”, “decir 10 palabras que empiecen con la letra A”, “bailar un tango con el compañero de la derecha”. Siguen las risas, sigue el juego, siguen las cargadas, sigue la alegría.
La mañana llega a su fin, nos despedimos sabiendo que en una semana volveremos, pensando como planificar los que se hará el próximo sábado.
Imagino que quien está leyendo esta crónica se preguntara que tienen que ver los primeros párrafos con el desarrollo de la misma. Como seres humanos tenemos la capacidad de destruir todo aquello que nos rodea, todo aquello que nos permite sobrevivir. Somos la única raza que habita la tierra que pregona su autodestrucción.
Pero a su vez tenemos la capacidad de rehacer las cosas, de transformarlas, y esa capacidad, este sábado, se expresa en la simple sonrisa de un niño que con el cumplir una prenda aprende a contar, puede expresarse y sentirse mejor persona. Se expresa en cada actividad que realizamos en el territorio desde CTA Castellanos. Trabajo que no se da aislado sino que forma parte de un largo camino de luchas y anhelos que tiene nuestro continente, en donde nosotros somos simples personas que no se olvidan de su simpleza y que desde el anonimato aportamos nuestro granito de arena para vernos a los pueblos plenamente libres.

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