lunes, 18 de enero de 2010

VOLVER A CARRILLO*

El pasado domingo, en la Copa de leche la Paloma en la Flor, comenzó muy temprano como tantos otros. El sol pegaba fuerte desde las primeras horas de la mañana. Llegamos en nuestras bicicletas y rápidamente nos pusimos a preparar para cocinar. Mientras tanto, algunos, fuimos a buscar a los chicos y a saludar a los vecinos. Tomamos unos cuantos mates debajo de distintas sobras, atentos a cada historia, a cada relato. Así, luego de caminar la villa, volvimos a la copita.
Allí nos esperaban algunos compañeros y compañeras, y nos pusimos a dibujar. La consigna era libre, pero en un momento apareció una “Grulla” y se ganó la atención de todos.
Hasta que los fideos con salsa estuvieron listos. Entonces, juntamos las cosas, nos lavamos las manos, pusimos la mesa y nos sentamos a disfrutar de ese manjar. El tema de conversación fue: el reguetón, los chicos intercambiaron letras y bandas, una vez más nos encontramos unidos en la música.
Por la tarde, jugamos bajo la sombra con diferentes juegos de mesas, mientras los más grandes tomábamos mates y charlábamos.
En ese momento, dialogando con una vecina, volví a ser testigo del relato de la despreocupación que se da a diario en el servicio de salud “pública” de la ciudad. Hace más de un mes, una pequeña de sólo tres años, tenía un problema en su vagina. En principio, la “pasearon” de un médico a otro hasta que luego de tres días la niña pudo ser atendida. Pero la respuesta fue nula, quienes la atendieron le dijeron que no sabían que podía ser, que vuelvan a casa, demostrando una desidia y una despreocupación total.
Su madre muy preocupada por la situación de su hijita, desesperada, viajó a Rosario, donde luego de realizarle diversos estudios le descubrieron un quiste en los ovarios. Gracias a Dios se lo descubrieron a tiempo por lo que se pudieron iniciar los tratamientos pertinentes. ¿Cómo hubiera sido la historia de esta niña si su mamá no conseguía el dinero para viajar?
Tristemente, estas son las reglas de juego. El Estado, a partir de los años 90, se ha ido apartando de sus obligaciones en materia de salud dejándole el campo libre al negocio de laboratorios trasnacionales, clínicas privadas, prepagas, distribuidoras de fármacos y gerenciadoras de las obras sociales.
Pero la situación se vuelve aún más complicada cuando a dicha situación le sumamos que el hospital público vivió una sobredemanda ya que millones de trabajadores desocupados quedaron ahora marginados de los servicios de salud que antes les brindaba su obra social.
Es aquí donde recordamos al doctor Ramón Carrillo. Donde recordamos su legado. Ya que fue él quien impulsó el sistema público, gratuito y de acceso universal en la prestación de salud.
En relación a ello, la titular de CICOP (Asociación Sindical de Profesionales de la Salud de la Prov. de Buenos Aires.), señala que: “Esta política, aplicada en sus rasgos esenciales, no copiada, es la única que puede convertir a la salud en un derecho de la población, un derecho efectivo y real, tangible, que la gente lo perciba cuando necesite atención médica. Es decir, resolver los determinantes sociales, por un lado, y tener un sistema de salud que responda a sus necesidades sin tener que exigirle ninguna retribución económica. Ese fue el sistema que quiso y empezó a construir Carrillo, y ese es el sistema que se empeñaron en destruir –y que no han podido por la resistencia de los trabajadores- todos los gobiernos que vinieron después de 1955 con honrrosas excepciones como la del doctor Arturo Illia y su ministro Oñativia, que intentaron ponerle freno a las ambiciones de las multinacionales de los medicamentos”.


* Campaña de CTA y otras organizaciones sindicales, sociales, médicas y de derechos humanos, que convoca a construir en conjunto un sistema público, gratuito y universal de salud.

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