Este domingo cancelamos nuestra mañana en la copa por mal tiempo, el pronóstico nos dice que este domingo existen muchas posibilidades de lluvia por la mañana y para no arriesgar decidimos ir a la tarde si mejoraba.Efectivamente, llegadas las dos de la tarde fuimos al barrio. Llegamos, y enseguida los pibes se fueron arrimando de a poco. Con una sonrisa en sus caras por vernos aparecer por el camino de ingreso que tiene el barrio, bordeado de pastizales y maltratado por las huellas de los carros y autos que ingresan.
Llegamos a la copa, conversamos con los vecinos sobre los problemas y los asuntos que acontecen en la semana. Un grupo, comienza a preparar la leche y otro pone en práctica un juego que pensamos en la semana.
Se trata de un simple “reconocimiento de sonidos”. Sentados todos en ronda con diferentes instrumentos caseros como los famosos “Tok-tok”, “semilleros”, tarros, bolsas plásticas, entre otros esperamos que un compañero ingrese a centro de la misma. Vendamos sus ojos y anunciábamos que instrumento debía perseguir cuando comenzara a correr el tiempo, el resto debíamos molestar su audición haciendo sonar todo lo que podíamos los demás elementos. Cuando el integrante vendado logró identificar y capturar al ejecutor del sonido, estos cambiaban de roles y así sucesivamente.Después hicimos un tiempo de descanso para tomar la leche. Luego, nuevamente a el campo de juego. Improvisamos un “ta-te-ti” en el piso, e hicimos avioncitos de papel que lanzamos y relanzamos por los aires de la copa.
Rostros cargados de ilusión y esperanza accionaban cada lanzamiento y esperaban su regreso a tierra con éxito. Cada avión transportaba un deseo, una expectativa, cada vuelo de bautismo accionaba innumerables sentimientos.
Finalmente, nuestra tarde culminaba y de a poco cada pibe volvía a su rancho, nos fuimos, quitamos nuestra presencia física del lugar, pero no se fueron la alegría y los sueños impregnados en los aires del barrio tras cada vuelo, cada caída y cada nuevo despegue de esos avioncitos que impulsados por los vientos “del sur” de nuestra ciudad se suman al largo caudal de utopías que los pueblos en toda América vemos renacer en cada conquista, en cada batalla ganada.“Dicen que el viento va, dicen que vuelve buscando el lado sur de la distancia dicen que pasa por el continente nombrando al hombre de las madrugadas. Que sabe todo lo que no se dice entre la arboladura de las plazas pero que se reúne con la gente y afina su guitarra en las campanas, el viento es el compadre de los pueblos lleva una flor abierta en las entrañas el viento es el compadre de los pueblos lleva una flor abierta en las entrañas. El viento va de norte y vuelve río el viento va de río...” *



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