La realidad tal como uno la piensa, la concibe y la antecede muchas veces puede sorprendernos. Pensar de antemano puede resultar en vano si se comete el error de hacerlo “para” y no “con” las personas junto a las que estamos trabajando.Es así, entonces, como este sábado mientras estábamos en la Copa esperando y Vane hacía la leche, decidimos improvisar junto a los pibes de la Copa un juego muy conocido y sencillo de cartas al que desconocemos su nombre oficial pero que rebautizamos “Mayor o Menor”.
Agrupados todos alrededor de la mesa, con Martín anotando las estadísticas de cada participante, y Manu, compañero del barrio, como el encargado de voltear las cartas, comenzamos a jugar.
Para los que desconocen las reglas, el juego consiste en tomar la baraja de cartas, girar la ultima y a partir de allí, según el número, adivinar si la siguiente es mayor o menor. A mayor cantidad de aciertos, mayor cantidad de puntos.
Tan simple es el funcionamiento del juego, como tan difícil es lograr la integración de los pibes y de los grandes, si no hay motivación.
Lo curioso es que la idea pensada era otra, pero eso no quita que pueda remplazarse. Después de tomar la leche, debímos avanzar con el juego que teníamos pensado pero, la mayoría decidió que debíamos continuar con el que habíamos arrancado al comienzo de la mañana.
Resulta curioso pero a la vez hermoso como funciona la actividad que nos aglutina bajo un mismo fin. En este caso, un simple juego, nos mantuvo rodeando la mesa bastante tiempo. En otros casos, quizás, el juego se convierta en otra cosa a la que todos anhelamos realizar o trasformar.
Finalizando la mañana, en la que tuvimos diversas sorpresas, nos retiramos reflexionando una vez más que las tareas programadas no pueden ser impuestas ni pensadas sólo por nosotros sino que es desde nuestro humilde lugar y a partir de juntarme con otros puedo ir dando forma a ese sueño que por más humilde y sencillo
que sea logre hacer que esta realidad sea un poquito menos injusta.
La voluntad de acción es grande si el sueño es colectivo y si logramos enamorarnos de él legítimamente. Sino sólo es buena voluntad, sólo es sentirse mejor con uno mismo. Voluntarismo puro. Nada ni nadie nos empuja a tomar la posta, sólo Dios para quienes creemos.
No somos, estamos siendo y en ese camino nada está definido, podemos modificar lo que hacemos mal en todos los ámbitos y hacerlo mejor. Esto es, dejar de ser un sujeto pasivo de la historia y convertirnos en activos plenos, con un horizonte de justicia para todos.



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