Como “Vida Sana” se le ofrece satisfacer todo tipo de necesidad innecesaria a unos pocos, condenando a la pobreza a millones. “Vida sana” es tener más plata sin importar cómo se consigue, ir tras el sueño del auto último modelo, de la zapatilla de marca, de los televisores de plasma que duran un par de años, de tecnología que queda obsoleta en un abrir y cerrar de ojos. Quien tiene dinero puede alcanzar esos sueños vacíos. Quien no, se tiene que conformar con imaginar esos pobres sueños y sospechar que algún día serán alcanzados, lo cual casi nunca pasa y aunque ocurra los serán pobres de espíritu.
“Vida Sana” es intentar someter a la naturaleza, usando como excusa el designio divino de nuestra supremacía, y no sólo conformarse con eso sino destruir ecosistemas completos, envenenar suelos, exterminar plantas y animales, matar al hombre por simple placer.
Es domingo y un avión fumigador sobrevuela sobre los campos cercanos a la Villa Sur Oeste. Los vecinos ruegan que el viento no cambie de dirección porque empezará a caer glifosato sobre sus casas y serán envenenados por ese agrotóxico. El mar verde rodea los ranchos, nada queda sin ser cubierto. Sólo se produce una semilla que será destinada para alimentar cerdos europeos, o sometida a procesos tecnológicos asiáticos para la extracción de agua y minerales.
En el transcurrir de la mañana vamos realizando las actividades que durante la semana fuimos planificando. Un compañero se encarga de cocinar y amasar, un par recorren el barrio y conversan con los vecinos, otros acomodan el salón. Otro cumpa sale en moto con “Cheli”, vecino de la Villa, a buscar maderas que servirán para seguir con la construcción de la cancha de bochas y la mesa bajo los paraísos.
Laura y Lara, las hermanitas Quiroga, ayudan a estirar la masa de tortas fritas y a cocinarlas. El resto de los chicos sueñan y pintan sus sueños, demuestran esperanza en sus colores pero a su vez expresan desconfianza, no hacia nosotros, sino hacia aquello que el sistema crea como imagen del “otro”.
Pasa el mediodía, compartimos el plato de cada domingo, levantamos la mesa. Algunos se quedan acomodando el salón, otros parten hacia la bomba de agua que queda a unos metros, lavan y enjuagan vasos, platos y cubiertos.
En la siesta nos dividimos para seguir estando juntos, para seguir construyendo, recreándonos, soñando. Continuamos la construcción de nuestra cancha de bochas. De fondo se escuchan risas y festejos que salen del salón en donde chicos y grandes se divierten con juegos de mesa.
Uno tranquilamente se puede preguntar cómo catalogar este estar siendo que desde hace dos años realizamos en la Villa, cómo se denominaría si aquello, nombrado al principio, es “Buena Vida”.
Sigue la tarde, siguen los juegos dentro del salón. Sigue el martillar y el continuar colocando las barandas de nuestra canchita. Seguimos compartiendo y organizándonos, en ocasiones sabiéndolo y planificándolo, a veces sin saber cómo lo vamos haciendo.
Llega el turno de la merienda, nos reunimos grandes y chicos bajo la sombra de los paraísos, compartimos leche chocolatada y tortas fritas. A su vez vamos conversando y pensando qué actividades tenemos que planificar para la próxima semana. Cortar el pasto, terminar nuestra canchita, reafirmar la bolsa de silo que cubre el techo del salón, planificar juegos que posibiliten un encuentro genuino con los chicos potenciando sus habilidades motrices.
Organizarnos para alcanzar nuestros pequeños sueños colectivos, sueños que superan la “Buena Vida” ofrecida por el sistema porque nos vamos haciendo cada día más seres humanos, más justos, más compañeros, comenzando a respetar lo que nos rodea, a dejar de vernos el obligo y empezar a pensar con otros, transformando la realidad, construyendo sueños que nos permiten sortear el individualismo y las anteojeras impuestas por el capitalismo, porque sin desconocer que nos atraviesa sabemos que con organización y trabajo en conjunto vamos transformando la realidad que consideramos injusta.
“Vida Sana” es intentar someter a la naturaleza, usando como excusa el designio divino de nuestra supremacía, y no sólo conformarse con eso sino destruir ecosistemas completos, envenenar suelos, exterminar plantas y animales, matar al hombre por simple placer.
En el transcurrir de la mañana vamos realizando las actividades que durante la semana fuimos planificando. Un compañero se encarga de cocinar y amasar, un par recorren el barrio y conversan con los vecinos, otros acomodan el salón. Otro cumpa sale en moto con “Cheli”, vecino de la Villa, a buscar maderas que servirán para seguir con la construcción de la cancha de bochas y la mesa bajo los paraísos.
Pasa el mediodía, compartimos el plato de cada domingo, levantamos la mesa. Algunos se quedan acomodando el salón, otros parten hacia la bomba de agua que queda a unos metros, lavan y enjuagan vasos, platos y cubiertos.
En la siesta nos dividimos para seguir estando juntos, para seguir construyendo, recreándonos, soñando. Continuamos la construcción de nuestra cancha de bochas. De fondo se escuchan risas y festejos que salen del salón en donde chicos y grandes se divierten con juegos de mesa.
Uno tranquilamente se puede preguntar cómo catalogar este estar siendo que desde hace dos años realizamos en la Villa, cómo se denominaría si aquello, nombrado al principio, es “Buena Vida”.
Sigue la tarde, siguen los juegos dentro del salón. Sigue el martillar y el continuar colocando las barandas de nuestra canchita. Seguimos compartiendo y organizándonos, en ocasiones sabiéndolo y planificándolo, a veces sin saber cómo lo vamos haciendo.
Organizarnos para alcanzar nuestros pequeños sueños colectivos, sueños que superan la “Buena Vida” ofrecida por el sistema porque nos vamos haciendo cada día más seres humanos, más justos, más compañeros, comenzando a respetar lo que nos rodea, a dejar de vernos el obligo y empezar a pensar con otros, transformando la realidad, construyendo sueños que nos permiten sortear el individualismo y las anteojeras impuestas por el capitalismo, porque sin desconocer que nos atraviesa sabemos que con organización y trabajo en conjunto vamos transformando la realidad que consideramos injusta.



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