martes, 2 de marzo de 2010

ALGO MÁS QUE UN SIMPLE AÑO

“Pintame la cara de rojo y azul…y márcame las cejas con los mismos colores”, “dale Ale que los chicos están esperando…Gime, vos no sabes pintar”, “no seas apurado…”, “míralo a Barale, parece un gaucho”, “cállate gordo…”, “dale, que los chicos preguntan…”, “ya estamos, ya estamos…aguanta, un rato y estamos….”, ¡¡hola chicos!!”. Se escuchan solo risas, una voz chillona rompe con el silencio, los chicos observan con cara de sorprendidos y la sonrisa se les dibuje en el rostro. De fondo se escucha cubia y reggeton. Nuestra Estrella que brilla en el Norte rafaelino cumplió un año de vida. En un día especial la Copa se vistió con su mejor pilcha. Globos, guirnaldas, bandera gigante, payasos, música, juegos, risas, alegría, torta, facturas, leche chocolatada, piñata.
Si uno piensa y es sincero consigo mismo, ni siquiera se imaginaba que hace un año empezábamos a construir, con Vane y familia, este nuevo sueño. Un año ha pasado desde aquel 15 de febrero del año 2009 en donde llegamos un grupo de compañeros hacia esa humilde casa, ubicada en el corazón del Barranquitas, acompañados por Ricardo -“el ciego”- compañero de la Radio FM Norte 92.3. Un año de ir aprehendiendo como es el construir y transformar con otros y por otros, en uno de los lugares más bastardeados de la cuidad a lo largo de su historia. El sábado comenzó varias semanas antes, cuando empezamos a imaginar y planificar cómo sería el festejo. Que juegos realizaríamos, que dinámicas podíamos emplear para poder charlar con los chicos y definir con ellos, de manera conjunta, que cosas debíamos mejorar en nuestra copita. Preparar guirnaldas, cocinar la torta, postergar el festejo por lluvia, nuevamente cocinar una torta, adornar la piñata, conseguir globos y caramelos.
Siendo sábado, la mañana empezó más temprano que de costumbre. 7:30 nos encontrábamos en Nuestra Casa, acomodamos los materiales que se utilizarían más tarde y partimos hacia Barranquitas. Al llegar un grupo sale a buscar las facturas, el resto se propone adornar la Copa, llenarla de colores. En el frente colgamos la bandera, hecha por compañero Solari, que indica que estamos de fiesta.
Los chicos se acercan, aparecen los payasos y comienzan los juegos. Primero hacemos un barullo, luego jugamos al distraído con una pelota de trapo. Aparecen las prendas, continuamos regando nuestros sueños con risas que salen desde el alma. Llega la hora de la leche y facturas. Pasa el tiempo y conversamos para decidir como sigue la mañana.
Los cumpitas del barrio quieren seguir jugando, por eso los payasos buscan harina, papel picado, caramelos, una soga, cucharas soperas y pedacitos de papas. Realizamos carreras de grupos utilizando los elementos nombrados.
Luego los Matis empiezan a pelear para ver quien se quedaba con la soga. Uno de los payasos se suma a uno de los cumpas, el resto -payasos y chicos- se suman al otro Mati quedándose con la soga. El juego permitió dar el puntapié para realizar una pequeña asamblea en donde grandes y chicos conversaban sobre lo importante que es el trabajar y construir con otros en pos de un bien común. De esa charla salieron ideas planteadas por los cumpitas como la de pintar la copa, hacer murales, cerrar el tinglado para estar protegidos en el invierno, darle color a las paredes grises de losa. Se podía apreciar la necesidad de expresarse que tenían los compañeritos, de nombrar las ideas que tenían en su cabecita para poder embellecer Nuestra Copita. La mañana sigue, llega la hora de la torta, acompañada de jugo. El medio día nos tomada por sorpresa, llegaba la hora de volver hacia nuestros hogares.
En un año de vida lentamente fuimos labrando sueños. Aprendiendo que existen utopías que pueden empezarse a cumplir desde el actuar cotidiano transformando la realidad desde el anonimato, buscando la trascendencia lograda por los pueblos, queriendo formar parte de algo superior y mucho más complejo que un simple sueño individual, eso que solemos mencionar como anhelo de liberación de nuestro pueblo.

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