miércoles, 17 de marzo de 2010

LOS EXCLUIDOS, ¿UNA AMENAZA?

Hace pocos días y al igual que un concejal de nuestra ciudad, Mauricio Macri anunció un proyecto de reforma del Código de Convivencia de la Ciudad de Buenos Aires. "Un plan integral que propone la prohibición absoluta" de la actuación de los "cuidachoches y trapitos" y el "uso de palos, capuchas y ganzúas" en las manifestaciones, detalló.
Para este señor, los limpiavidrios, los militantes encapuchados, los llamados trapitos que cuidan los coches entre otros constituyen una amenaza social. Sin dudas, que el resumen de esta iniciativa es eliminar a lo excluidos de su posibilidad precaria de insertarse en el mundo del trabajo si tener que recurrir al delito.
Nos cuestionamos ¿Dónde irán a parar estos sujetos a los que se les prohíbe al menos trabajar precariamente?
Los pobres y caídos de este sistema se han convertido en la basura que ensucia los pintorescos pensamientos europeizados de este tipo de dirigentes. Su presencia en las calles constituyen una supuesta amenaza a la seguridad social y un obstáculo a las apariencias de las ciudades del “progreso”.
A las afueras de nuestra ciudad, sobre las vías del ex ferrocarril Belgrano existe un asentamiento con más de 30 familias que viven en condiciones infrahumanas. Hasta hace un año no poseían ni siquiera agua potable para beber, contrastando con los litros y litros, que a metros de allí, los habitantes de las denominadas “quintas” gastan para llenar sus piletas y disfrutar del ocio y el esparcimiento de los fines de semana.
Hace dos años ya que como militantes de la CTA Castellanos trabajamos en la “Villa Sur” tratando fundamentalmente de establecer procesos organizativos, cambiar, aunque sea de manera mínima la realidad injusta en la que viven.
Aproximadamente once años lleva el asentamiento constituido como tal. Sin embargo, la vulgaridad social sostiene e insiste en que nosotros armamos el barrio para llevar adelante políticas de “asistencialismo” y “desestabilización social”.
De una manera u otra siguen siendo la yaga en la lengua para muchos, que nada hacen para mejorar su calidad de vida, sosteniendo la hipótesis de que si se les mejora algo, más familias se asentarán en la villa.
Entonces, nada hacemos para que se vallan, pero no se van. No hay demasiadas opciones.
Ante un hecho de inseguridad son las principales víctimas de los allanamientos policiales, sufriendo a diario la discriminación social y jurídica que no los reconoce como ciudadanos de la ciudad, salvo para las elecciones.
Allí, tenemos una copa de leche y un comedor que se llama “La Paloma en la Flor”, nombre que les pusieron los pibes del barrio. Intentamos construir con ellos un camino diferente, que les permita soñar y materializar un mañana distinto y no resignarse a vivir el día a día.
Es por eso que grandes y chicos buscamos incentivar nuestras mentes y ganas de construir con otros ese soñar. Por eso los juegos, el apoyo escolar, las actividades de recreación, el compartir la mesa un domingo al medio día. Por eso pensar y construir una cancha de bochas, una gran mesa bajo los paraísos para disfrutar de unos buenos mates. Por eso pensar una muestra de arte en donde los chicos puedan dar a conocer el trabajo vienen realizado desde hace un par de domingos. Por eso pensar en la música y en el baile para demostrar que la única amenaza es la alegría de compartir con otros y por otros un espacio de encuentro que permita fundar lazos de confianza que posibiliten transformar la realidad.

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