Además, ese día se festejaba una nueva pascua, un nuevo renacer, una nueva resurrección, y ese fue el clima que se vivió en la copa. Era muy extraño, un mensaje de “volver a empezar” resonaba en nuestros inconcientes. Una nueva oportunidad se hacía presente, una nueva oportunidad de encontrarnos, de reconocernos, de organizarnos, una nueva oportunidad para revertir la historia. Reconocer la historia que nos permite luchar por dejar de ser los oprimidos, los excluidos, del sistema escolar, del sistema laboral, de todo este sistema.
Muy temprano comenzamos la mañana con alegría, una comida especial nos esperaba, había mucho por hacer. Entonces, ¡manos a la obra! Algunos salimos a buscar a los más chicos y charlar con los vecinos mientras otros empezaban en la cocina con la ayuda de uno de los vecinos. Cuando llegamos realizamos las tareas y repasamos lo aprendido en la semana.
Al mediodía, nos sentamos a la mesa y disfrutamos del almuerzo mientras entre chiste y risas organizamos la actividad de la tarde. Al terminar un grupo de compañeros se pusieron a lavar los platos, mientras otros hacíamos la leche para que este lista cuando lleguen los invitados.
De repente llegaron las tres, hora de comienzo de la tan meditada y esperada muestra, los paneles con las pinturas estaban colgados, la leche preparada y los juegos grupales en marca. Los padres comenzaron a llegar y sus hijos orgullosos de sus trabajos se los mostraban y les contaban porque habían hecho cada uno.
Después de compartir los dibujos, llego la leche con torta y torta frita, y nos sentamos todos a degustar estos manjares. Así, la copa, se había convertido en un hermoso espacio de encuentro entre grandes y chicos, donde se cruzaban charlas, intereses, proyectos y hasta alguno se animaba a soltar algunos sueños.
Además, este domingo contamos con el aporte de Sivia y Caro, la profesora del taller de costura de la CTA y una de sus alumnas. Las chicas vinieron para entregar un regalo que hacía unas semanas habían realizado en el costurero. Las mujeres de nuestra casa, problematizadas por la situación de la Villa Sur Oeste, quisieron ayudar dando su aporte, y fue así como realizaron unos hermosos conejitos de cartulina y goma eva donde guardamos formitas de chocolate que le entregaron a cada uno de los chicos.
“Nos hizo mucho bien venir y ver la alegría de los chicos, son muy cariñosos” dijo Caro, a quien se la veía realmente contenta, para ella esta también fue una verdadera pascua, algo cambio dentro suyo, hubo un renacer de esperanzas, un volver a creer en que es posible cambiar y que el cambio se logra con otros en la experiencia práctica.
Al mediodía, nos sentamos a la mesa y disfrutamos del almuerzo mientras entre chiste y risas organizamos la actividad de la tarde. Al terminar un grupo de compañeros se pusieron a lavar los platos, mientras otros hacíamos la leche para que este lista cuando lleguen los invitados.
De repente llegaron las tres, hora de comienzo de la tan meditada y esperada muestra, los paneles con las pinturas estaban colgados, la leche preparada y los juegos grupales en marca. Los padres comenzaron a llegar y sus hijos orgullosos de sus trabajos se los mostraban y les contaban porque habían hecho cada uno.
Además, este domingo contamos con el aporte de Sivia y Caro, la profesora del taller de costura de la CTA y una de sus alumnas. Las chicas vinieron para entregar un regalo que hacía unas semanas habían realizado en el costurero. Las mujeres de nuestra casa, problematizadas por la situación de la Villa Sur Oeste, quisieron ayudar dando su aporte, y fue así como realizaron unos hermosos conejitos de cartulina y goma eva donde guardamos formitas de chocolate que le entregaron a cada uno de los chicos.
“Nos hizo mucho bien venir y ver la alegría de los chicos, son muy cariñosos” dijo Caro, a quien se la veía realmente contenta, para ella esta también fue una verdadera pascua, algo cambio dentro suyo, hubo un renacer de esperanzas, un volver a creer en que es posible cambiar y que el cambio se logra con otros en la experiencia práctica.



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